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La Epístola del Apóstol Pablo a los Hebreos

 

CAPÍTULO 1

La personalidad de Dios - Cristo prefirió sobre los ángeles - El cielo y la tierra para ser cambiados.

1 Dios, que muchas veces y de muchas maneras hablaste en otro tiempo a los padres por los profetas,

2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien también hizo el mundo;

3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo hecho la limpieza de nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas;

4 Habiéndose hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy? Y además, yo seré para él un Padre, y él será para mí un Hijo?

6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios, que hace a sus ministros como llama de fuego.

7 Y de los ángeles dice: Los ángeles son espíritus ministradores.

8 Mas al hijo dice: Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino.

9 Has amado la justicia, y aborrecido la iniquidad; por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

10 Y tú, Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obra de tus manos.

11 Ellos perecerán, pero tú permanecerás; y todos ellos se envejecerán como un vestido;

12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.

13 Pero ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?

14 ¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para ministrar a favor de los que serán herederos de salvación?


CAPITULO 2

El mundo venidero — La herencia del hombre — La perfección alcanzada a través del sufrimiento — Obediencia a Cristo forzada a partir de su ejemplo.

1 Por tanto, es necesario que con mayor diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que en algún momento se nos escapen.

2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución;

3 ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? la cual en un principio comenzó a ser dicha por el Señor, y nos fue confirmada por los que le oyeron.

4 Dándoles también Dios testimonio, con señales y prodigios, y con diversos milagros, y dones del Espíritu Santo, según su propia voluntad?

5 Porque a los ángeles no sujetó el mundo venidero, de que hablamos.

6 Pero uno en cierto lugar, testificó, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? o el hijo del hombre, para que lo visites?

7 Le hiciste un poco menor que los ángeles; lo coronaste de gloria y honra, y lo pusiste sobre las obras de manos;

8 Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto sometió todo a él, no dejó nada que no esté sujeto a él. Pero ahora aún no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

9 Pero vemos a Jesús, que fue hecho un poco menor que los ángeles por el sufrimiento de la muerte, coronado de gloria y honra; que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos los hombres.

10 Porque convenía a aquel por quien son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que al llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por medio de aflicciones al autor de la salvación de ellos.

11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12 diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la iglesia te cantaré alabanzas.

13 Y además, pondré mi confianza en él. Y otra vez: He aquí, yo y los hijos que Dios me ha dado.

14 Así que, por cuanto los hijos son participantes de carne y sangre, él también participó de lo mismo; para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo;

15 Y librad a los que por el temor de la muerte estuvieron toda la vida sujetos a servidumbre.

16 Porque en verdad, no tomó sobre sí la semejanza de los ángeles; pero tomó sobre sí la simiente de Abraham.

17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

18 Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.


CAPÍTULO 3

Cristo más digno que Moisés.

1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

2 Quien fue fiel al que lo nombró, como también Moisés fue fiel en toda su casa.

3 Porque él fue tenido por digno de más gloria que Moisés, por cuanto el que edificó la casa tiene más honra que la casa.

4 Porque toda casa es edificada por algún hombre; pero el que construyó todas las cosas es Dios.

5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa como siervo, para testimonio de las cosas que se iban a decir después;

6 pero Cristo como un hijo sobre su propia casa; cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.

7 Por tanto, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz,

8 No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto;

9 Cuando vuestros padres me tentaron, me tentaron, y vieron mis obras cuarenta años.

10 Por lo cual me entristecí con aquella generación, y dije: Siempre yerran en su corazón; y no han conocido mis caminos.

11 Por eso juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.

12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.

13 Antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, mientras se llama Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

14 Porque somos hechos partícipes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio;

15 Mientras se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.

16 Porque algunos, cuando oyeron, provocaron; mas no todo lo que salió de Egipto por Moisés.

17 ¿Con quién estuvo entristecido cuarenta años? ¿No fue con los que habían pecado, cuyos cadáveres cayeron en el desierto?

18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que no creyeron?

19 Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.


CAPÍTULO 4

Los demás santos alcanzados por la fe — El poder de la palabra de Dios — Nuestro sumo sacerdote, Jesús, el Hijo de Dios.

1 Temamos, pues, no sea que dejándonos una promesa al entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no cumplirla.

2 Porque a nosotros se nos ha anunciado lo demás, lo mismo que a ellos; pero la palabra predicada no les aprovechó, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

3 Porque los que hemos creído entramos en el reposo, como dijo: Como juré en mi ira: Si endurecen su corazón, no entrarán en mi reposo; también he jurado, que si no endurecieren su corazón, entrarán en mi reposo; aunque las obras de Dios fueron preparadas (o terminadas) desde la fundación del mundo.

4 Porque él habló en cierto lugar del séptimo día de esta manera, Y Dios descansó el séptimo día de todas sus obras.

5 Y de nuevo en este lugar, Si no endurecen sus corazones, entrarán en mi reposo.

6 Por tanto, siendo necesario que algunos entren en ella, y aquellos a quienes fue predicado primero no entraron a causa de su incredulidad;

7 También fija un día, diciendo por David: Hoy, después de tanto tiempo; como está dicho: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.

8 Porque si Jesús les hubiera dado descanso, no habría hablado después de otro día.

9 Queda, pues, un descanso para el pueblo de Dios.

10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus propias obras, como Dios de las suyas.

11 Trabajemos, pues, para entrar en ese reposo, no sea que alguno caiga en el mismo ejemplo de incredulidad.

12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir en dos el cuerpo y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones de los corazón.

13 Ni hay criatura que no se manifieste delante de él; pero todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel con quien tenemos que ver.

14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.

15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades; sino que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.


CAPÍTULO 5

del sacerdocio.

1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres, es constituido para los hombres en lo que a Dios se refiere, para ofrecer ofrendas y sacrificios por los pecados;

2 ¿Quién puede tener compasión de los ignorantes y de los extraviados? porque él mismo también está rodeado de debilidad.

3 Y en razón de esto debe, como por el pueblo, también por sí mismo ofrecer por los pecados.

4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote; mas el que le dijo: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.

6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

7 (quien en los días de su carne, cuando había ofrecido oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía librarlo de la muerte, y fue oído en su temor;

8 Aunque era hijo, aprendió la obediencia por lo que padeció.)

9 Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;

10 Llamado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.

11 De los cuales tenemos muchas cosas que decir, y difíciles de expresar, ya que sois tardos para oír.

12 Porque cuando ya debéis ser maestros, tenéis necesidad de que se os enseñe cuáles son los primeros principios de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

13 Porque todo aquel que toma leche es torpe en la palabra de justicia; porque es un bebé.

14 Mas el alimento sólido pertenece a los mayores de edad, a los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. *Los versículos 7 y 8 aluden a Melquisedec, y no a Cristo.


CAPÍTULO 6

Principios de la doctrina de Cristo — La restitución — La seguridad de la promesa de Dios.

1 Por tanto, no dejando los principios de la doctrina de Cristo, avancemos a la perfección; no echando de nuevo el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, y de la fe en Dios.

2 De la doctrina de los bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.

3 Y seguiremos adelante hasta la perfección si Dios lo permite.

4 Porque ha hecho imposible a los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

5 y han gustado la buena palabra de Dios, y los poderes del siglo venidero,

6 Si se apartaren, para ser renovados de nuevo para arrepentimiento; viendo que crucifican para sí mismos al Hijo de Dios de nuevo, y lo avergüenzan abiertamente.

7 Porque llega el día en que la tierra que bebe la lluvia que cae sobre ella, y produce hierbas adecuadas para los que moran en ella, por quienes la visten, que ahora reciben bendiciones de Dios, serán purificados con fuego.

8 Porque lo que produce espinos y abrojos es desechado, y está próximo a la maldición; por tanto, los que no dan buenos frutos, serán echados al fuego; porque su fin es ser quemados.

9 Pero, amados, estamos seguros de cosas mejores de vosotros, y cosas que acompañan a la salvación, aunque así hablemos.

10 Porque Dios no es injusto, por tanto no olvidará vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos, y sirviendo.

11 Y deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia hasta el fin con plena certidumbre de esperanza;

12 para que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por uno mayor, juró por sí mismo,

14 diciendo: De cierto bendiciendo te bendeciré, y multiplicando te multiplicaré.

15 Y así, después de haber sufrido con paciencia, alcanzó la promesa.

16 Porque los hombres en verdad juran por el mayor; y un juramento de confirmación es para ellos el fin de toda contienda.

17 por lo cual Dios, queriendo mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, lo confirmó con juramento;

18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fuerte consuelo los que hemos buscado refugio para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros;

19 la cual esperanza tenemos como ancla del alma, tanto segura como firme, y que penetra hasta dentro del velo;

20 Donde entró por nosotros el precursor, Jesús, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.


CAPÍTULO 7

Del sacerdocio de Melquisedec y Aarónico.

1 Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y lo bendijo;

2 a quien también dio Abraham los diezmos de todo; siendo primeramente interpretado Rey de justicia, y luego también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

3 Porque este Melquisedec fue ordenado sacerdote según el orden del Hijo de Dios, el cual fue sin padre, sin madre, sin descendencia, sin principio de días ni fin de vida. Y todos los que son ordenados a este sacerdocio son hechos semejantes al Hijo de Dios, permaneciendo sacerdotes continuamente.

4 Ahora considera cuán grande era este hombre, a quien incluso el patriarca Abraham dio el diezmo del botín.

5 Y en verdad, los que son de los hijos de Leví, que reciben el oficio del sacerdocio, tienen mandamiento de tomar los diezmos del pueblo conforme a la ley, esto es, de sus hermanos, aunque procedan de los lomos de Abraham. ;

6 Pero aquel cuya descendencia no se cuenta entre ellos recibió los diezmos de Abraham, y bendijo al que tenía las promesas.

7 Y sin toda contradicción se bendice lo menos de lo mejor.

8 Y aquí hombres que mueren reciben diezmos; pero allí los recibe aquel de quien se da testimonio de que vive.

9 Y por lo que puedo decir, también Leví, que recibe diezmos, pagó diezmos en Abraham.

10 Porque aún estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec le salió al encuentro.

11 Si, pues, la perfección era por el sacerdocio levítico, (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué más necesidad había de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no fuera llamado según el orden de Aarón?

12 Porque cambiado el sacerdocio, es necesario que se cambie también la ley.

13 Porque aquel de quien se dicen estas cosas, es de otra tribu, de la cual nadie asistió al altar.

14 Porque es evidente que nuestro Señor nació de Judá; de la cual tribu Moisés no habló nada acerca del sacerdocio.

15 Y es aún mucho más evidente; porque a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote,

16 quien está hecho, no según la ley de un mandamiento carnal, sino según el poder de una vida eterna.

17 Porque él testifica: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

18 Porque ciertamente hay una anulación del mandamiento anterior, por su debilidad e inutilidad.

19 Porque la ley fue administrada sin juramento y nada perfeccionó, sino que fue solamente introducción de una mejor esperanza; por el cual nos acercamos a Dios.

20 Por cuanto este sumo sacerdote no estuvo sin juramento, por tanto Jesús fue hecho fiador de un mejor testamento.

21 (Porque aquellos sacerdotes fueron hechos sin juramento; mas éste con juramento de aquel que le dijo: El Señor juró, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec;)

22 Y en verdad eran muchos sacerdotes, porque no se les permitió continuar por causa de la muerte;

23 Pero éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable.

24 Por tanto, puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

25 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho señor sobre los cielos;

26 y no como aquellos sumos sacerdotes que ofrecían sacrificios cada día, primero por sus propios pecados, y luego por los pecados del pueblo; porque no necesita ofrecer sacrificio por sus propios pecados, porque no conoció pecados; sino por los pecados del pueblo. Y esto lo hizo una vez, cuando se ofreció a sí mismo.

27 Porque la ley hace sumos sacerdotes a los hombres enfermos; pero la palabra del juramento, que era después de la ley, hace al Hijo, que es consagrado para siempre.


CAPÍTULO 8

Del sacerdocio — El nuevo pacto.

1 Ahora bien, de las cosas que hemos dicho, esta es la suma; tenemos tal sumo sacerdote, que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos;

2 Ministro del santuario, y del verdadero tabernáculo, que levantó el Señor, y no el hombre.

3 Porque todo sumo sacerdote está constituido para ofrecer ofrendas y sacrificios; por tanto, es necesario que este hombre también tenga algo que ofrecer.

4 Por tanto, mientras estuvo en la tierra, ofreció en sacrificio su propia vida por los pecados del pueblo. Ahora bien, todo sacerdote bajo la ley debe necesariamente ofrecer ofrendas o sacrificios, según la ley.

5 que sirven a la figura ya la sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de hacer el tabernáculo; porque mira, dice él, que hagas todas las cosas según el modelo que te fue mostrado en el monte.

6 Mas ahora tanto más excelente ministerio ha alcanzado, cuanto también es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

7 Porque si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se habría buscado lugar para el segundo.

8 Porque reprendiéndolos, dice: He aquí vienen días, dice Jehová, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá;

9 No como el pacto que hice con sus padres, el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque no permanecieron en mi pacto, y yo no los tuve en cuenta, dice el Señor.

10 Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor; Pondré mis leyes en su mente, y las escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo;

11 Y no enseñará cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande.

12 Porque seré misericordioso con su injusticia, y sus pecados y sus iniquidades no me acordaré más.

13 Cuando dice: Nuevo pacto, ha hecho viejo al primero. Ahora lo que decae y envejece está a punto de desaparecer.


CAPÍTULO 9

Ordenanzas del primer pacto: El hombre perfeccionado por el nuevo pacto.

1 Entonces ciertamente el primer pacto tenía también ordenanzas del servicio divino, y un santuario mundano.

2 Porque allí se hizo un tabernáculo; la primera, en la que estaban el candelero, la mesa y los panes de la proposición; que se llama el santuario.

3 Y después del segundo velo, el tabernáculo que se llama el santísimo de todos;

4 que tenía el incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de oro alrededor, en la cual estaba la olla de oro que tenía el maná, y la vara de Aarón que reverdecía, y las tablas del pacto;

5 Y sobre él los querubines de gloria que hacían sombra al propiciatorio; de los que no podemos hablar ahora en particular.

6 Ahora bien, cuando estas cosas estaban así ordenadas, los sacerdotes entraban siempre en el primer tabernáculo, cumpliendo el servicio de Dios.

7 Pero al segundo entraba solo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo y por los extravíos del pueblo;

8 El Espíritu Santo dando a entender esto que el camino al Lugar Santísimo aún no se había manifestado, mientras que el primer tabernáculo aún estaba en pie;

9 Lo cual era una figura para el tiempo entonces presente, en el cual se ofrecían dones y sacrificios, que no podían hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que hacía el servicio;

10 que consistía solamente en comidas y bebidas, y diversos lavados, y ordenanzas carnales, impuestas sobre ellos hasta el tiempo de la reforma.

11 Mas habiendo venido Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por un tabernáculo más grande y más perfecto, no hecho de manos, es decir, no de este edificio;

12 no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre entró una sola vez en el lugar santo, habiendo obtenido eterna redención para nosotros.

13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para purificación de la carne;

14 ¿Cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?

15 Y por esto es mediador del nuevo pacto, para que por medio de la muerte, para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

16 Porque donde hay pacto, es necesario que haya también muerte de la víctima.

17 Porque el pacto tiene fuerza después de muerta la víctima; de lo contrario, no tiene fuerza alguna mientras la víctima viva.

18 Con lo cual ni el primer pacto fue consagrado sin sangre.

19 Porque cuando Moisés hubo dicho todos los preceptos a todo el pueblo conforme a la ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro y a todo el pueblo,

20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha ordenado.

21 También roció con sangre el tabernáculo y todos los utensilios del ministerio.

22 Y casi todas las cosas son purificadas por la ley con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión.

23 Por lo tanto, era necesario que los patrones de las cosas en los cielos fueran purificados con estos; pero las mismas cosas celestiales con mejores sacrificios que estos.

24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, que es figura del verdadero; sino al cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros;

25 ni para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el lugar santo cada año con sangre ajena;

26 Porque entonces debió sufrir muchas veces desde la fundación del mundo; pero ahora, en el meridiano de los tiempos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

27 Y como está establecido para los hombres que mueran una sola vez, pero después de esto el juicio;

28 Así también Cristo fue ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin pecado, para salvación de los que le esperan.


CAPÍTULO 10

La debilidad de la ley — El sacrificio de Cristo — Una exhortación a retener la fe.

1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, y no la imagen misma de las cosas, nunca puede, con los sacrificios que se ofrecen continuamente año tras año, hacer perfectos a los que acuden a ella.

2 Porque entonces, ¿no habrían dejado de ser ofrecidos? porque los adoradores, una vez purificados, no tendrían más conciencia de pecados.

3 Pero en esos sacrificios hay una memoria hecha nuevamente de los pecados cada año.

4 Porque no es posible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

5 Por lo cual, cuando viene al mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo;

6 En holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.

7 Entonces dije: He aquí que vengo (en el volumen del libro está escrito de mí) para hacer tu voluntad, oh Dios.

8 Más arriba cuando dijo: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y ofrenda por el pecado no quisiste, ni te agradaron; las que ofrece la ley;

9 Entonces dijo: He aquí, vengo a hacer tu voluntad, oh Dios. Quita lo primero para establecer lo segundo.

10 Por la cual voluntad somos santificados mediante la ofrenda una sola vez del cuerpo de Jesucristo.

11 Y todo sacerdote está de pie diariamente ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

12 Pero éste, después de haber ofrecido un solo sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios;

13 Desde ahora en adelante reinará hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.

14 Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

15 De lo cual también el Espíritu Santo nos es testigo; porque después de eso había dicho antes,

16 Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor; Pondré mis leyes en su corazón, y en su mente las escribiré;

17 Y sus pecados e iniquidades no me acordaré más.

18 Ahora bien, donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús,

20 por un camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne;

21 y teniendo tal sumo sacerdote sobre la casa de Dios;

22 Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

23 Mantengamos firme la profesión de nuestra fe sin vacilar; porque fiel es el que prometió;

24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor ya las buenas obras;

25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; sino exhortándonos unos a otros; y tanto más cuanto veis que el día se acerca.

26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,

27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

28 El que menospreciaba la ley de Moisés moría sin misericordia bajo dos o tres testigos;

29 ¿De cuánto mayor castigo pensáis que será digno el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por profana la sangre del pacto con la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu? de gracia?

30 Porque conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez, El Señor juzgará a su pueblo.

31 Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo.

32 Mas traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después que fuisteis iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones;

33 En parte, mientras fuisteis hechos espectáculo tanto por vituperios como por aflicciones; y en parte, mientras os convertisteis en compañeros de los que fueron tan usados.

34 Porque de mis prisiones os compadecisteis de mí, y sufristeis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis en vosotros mismos en los cielos una mejor y perdurable sustancia.

35 No desechéis, pues, vuestra confianza, que tiene grande recompensa de galardón.

36 Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, recibáis la promesa.

37 Porque aún un poquito, y el que ha de venir, vendrá, y no tardará.

38 Mas el justo por la fe vivirá; pero si alguno retrocede, mi alma no se complacerá en él.

39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición; sino de los que creen para salvación del alma.


CAPÍTULO 11

La fe y los frutos de ella.

1 Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

2 Porque por ella los ancianos obtuvieron buen informe.

3 Por la fe entendemos que los mundos fueron hechos por la palabra de Dios, de modo que las cosas que se ven no fueron hechas de cosas que se ven.

4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por ella muerto, aun habla.

5 Por la fe Enoc fue trasladado para que no viera la muerte; y no fue hallado, porque Dios lo había trasladado; porque antes de su traslado tuvo este testimonio, que agradó a Dios.

6 Pero sin fe es imposible agradarle; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es galardonador de los que le buscan con diligencia.

7 Por la fe Noé, siendo advertido por Dios de cosas que aún no se veían, movido por el temor, preparó un arca para la salvación de su casa; por la cual condenó al mundo, y se hizo heredero de la justicia que es por la fe.

8 Por la fe Abraham, cuando fue llamado para salir a un lugar que después recibiría por herencia, obedeció; y salió sin saber adónde iba.

9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra de promisión, como en tierra ajena, morando en tabernáculos con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa;

10 Porque esperaba una ciudad que tenga cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11 Por la fe también Sara misma recibió fuerza para concebir, y dio a luz un niño cuando ya era mayor de edad, porque juzgó fiel al que había prometido.

12 Por tanto, saltó allí aun de uno, y él como muerto, tantas como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

13 Todos estos murieron en la fe, sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y persuadiéndose de ellas, y abrazándolas, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

14 Porque los que dicen tales cosas declaran claramente que buscan una patria.

15 Y en verdad, si se hubieran acordado de aquel país de donde salieron, podrían haber tenido oportunidad de haber regresado.

16 Pero ahora anhelan una patria mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofreció a su hijo unigénito,

18 De quien se dijo: En Isaac te será llamada descendencia;

19 considerando que Dios era poderoso para levantarlo aun de entre los muertos; de donde también lo recibió en figura.

20 Por la fe Isaac bendijo a Jacob ya Esaú acerca de las cosas por venir.

21 Por la fe Jacob, cuando se estaba muriendo, bendijo a los dos hijos de José; y adoró, apoyado en la punta de su bastón.

22 Por la fe José, cuando murió, hizo mención de la partida de los hijos de Israel; y dio mandamiento acerca de sus huesos.

23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido de sus padres por tres meses, porque le vieron niño peculiar; y no temieron el mandamiento del rey.

24 Por la fe Moisés, cuando llegó a la edad de la discreción, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón;

25 escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar temporalmente de los deleites del pecado;

26 Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque él tenía respeto a la recompensa de la recompensa.

27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo, como viendo al Invisible.

28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que no los tocara el que destruía a los primogénitos.

29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; que los egipcios que intentaron hacer se ahogaron.

30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos como siete días.

31 Por la fe la ramera Rahab no pereció con los incrédulos, habiendo recibido en paz a los espías.

32 ¿Y qué más diré? porque me faltaría el tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón y de Jefté; también de David, y de Samuel, y de los profetas;

33 Quienes por la fe sometieron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,

34 Apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, de la debilidad se hicieron fuertes, se hicieron valientes en la lucha, hicieron huir los ejércitos de los extranjeros.

35 Las mujeres recibieron a sus muertos resucitados; y otros fueron torturados, no aceptando la liberación; para que obtengan la primera resurrección;

36 Y otros fueron juzgados por crueles burlas y azotes, sí, además de cadenas y encarcelamiento;

37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; deambulaban vestidos con pieles de oveja y de cabra; siendo indigente, afligido, atormentado;

38 De los cuales el mundo no era digno; anduvieron errantes por los desiertos, y por las montañas, y por las cavernas y cuevas de la tierra.

39 Y todos éstos, habiendo obtenido buen testimonio por medio de la fe, no recibieron las promesas;

40 Dios les había provisto algunas cosas mejores a través de sus sufrimientos, porque sin sufrimientos no podrían ser perfectos.


CAPÍTULO 12

Una exhortación a la fe, la paciencia y la piedad constantes: el nuevo pacto es mejor que el antiguo.

1 Por tanto, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

2 Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; el cual por el gozo puesto delante de él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

3 Pues considerad a aquel que soportó tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni desmayéis en vuestra mente.

4 Aún no habéis resistido hasta la sangre, luchando contra el pecado.

5 Y habéis olvidado la exhortación que os habla como a niños: Hijo mío, no desprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando te reprenda;

6 Porque el Señor al que ama, castiga y azota a todo el que recibe por hijo.

7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

8 Pero si estáis sin el castigo del que todos son partícipes, sois bastardos y no hijos.

9 Además, tuvimos padres de nuestra carne que nos corrigieron, y les dábamos respeto; ¿No preferiremos estar sujetos al Padre de los espíritus y vivir?

10 Porque ellos en verdad por unos pocos días nos disciplinaron según su propia voluntad; pero él para nuestro bien, para que seamos partícipes de su santidad.

11 Ahora bien, ningún castigo por el presente parece ser gozoso, sino doloroso; no obstante, después da fruto apacible de justicia a los que en ella son ejercitados.

12 Levantad, pues, las manos caídas, y fortaleced las rodillas debilitadas;

13 Y allanad sendas para vuestros pies, para que lo cojo no se desvíe del camino; sino que más bien se sane.

14 Seguid la paz con todos los hombres, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor;

15 mirando bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

16 Para que no haya ningún fornicario o profano, como Esaú, que por un bocado de carne vendió su primogenitura.

17 Porque sabéis que después, cuando quiso heredar la bendición, fue desechado; porque no encontró lugar de arrepentimiento, aunque lo buscó cuidadosamente con lágrimas.

18 Porque no habéis venido al monte que se podía tocar y que ardía en fuego, ni a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

19 Y sonido de trompeta, y voz de palabras; cuya voz rogaron los que oyeron que no se les hablara más la palabra;

20 (Porque no pudieron soportar lo que se mandó, y si una bestia toca la montaña, será apedreada o traspasada con un dardo;

21 Y tan terrible era el espectáculo, que Moisés dijo: Mucho miedo y estremecimiento;)

22 Mas vosotros habéis venido al monte de Sion, y a la ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial, y a una multitud innumerable de ángeles,

23 a la asamblea general y a la iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los cielos, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos,

24 ya Jesús, el mediador del nuevo pacto, ya la sangre rociada, que habla mejor que la de Abel.

25 Mirad que no desechéis al que habla; porque si no escaparon aquellos que rechazaron al que hablaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si nos apartamos del que habla desde los cielos;

26 Cuya voz entonces hizo temblar la tierra; pero ahora ha prometido, diciendo: Una vez más haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo.

27 Y esta palabra, Una vez más, significa la eliminación de las cosas que se mueven, como de las cosas que se hacen, para que las cosas que no se pueden mover permanezcan.

28 Por tanto, al recibir un reino inconmovible, tengamos gracia, por la cual podamos servir a Dios aceptable con reverencia y temor de Dios;

29 Porque nuestro Dios es fuego consumidor.


CAPÍTULO 13

Advertencias en cuanto a la caridad, la honestidad, la codicia; en cuanto a los predicadores, confesar a Cristo, dar limosna.

1 Que continúe el amor fraternal.

2 No te olvides de hospedar a extraños; porque por esto algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.

3 Acordaos de los presos, como presos con ellos; ya los que padecen adversidad, como también vosotros del cuerpo.

4 Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios ya los adúlteros los juzgará Dios.

5 Que vuestras consagraciones sean sin avaricia; y contentaos con dar lo que tenéis; porque ha dicho: Nunca te dejaré, ni te desampararé.

6 Para que podamos decir con valentía: El Señor es mi ayudador, y no temeré lo que me haga el hombre.

7 Acordaos de los que os gobiernan, que os han hablado la palabra de Dios; cuya fe sigue, considerando el fin de su conversación.

8 Jesucristo el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

9 No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas; porque bueno es que el corazón se afiance en la gracia; no con comidas, que no han aprovechado a los que se han ocupado en ella.

10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.

11 Porque los cuerpos de aquellas bestias, cuya sangre es traída al santuario por el sumo sacerdote por el pecado, son quemados fuera del campamento.

12 Por lo cual Jesús también, para santificar al pueblo con su propia sangre, padeció fuera de la puerta.

13 Salgamos, pues, a él fuera del campamento, llevando su oprobio.

14 Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.

15 Por él, pues, ofrezcamos continuamente a Dios sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de nuestros labios, dando gracias a su nombre.

16 Mas de hacer el bien y de comunicar no os olvidéis; porque de tales sacrificios se complace Dios.

17 Obedezcan a sus gobernantes y sométanse; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta, para que lo hagan con gozo, y no con tristeza; porque eso no os es provechoso.

18 Ruega por nosotros; porque confiamos en tener una buena conciencia, dispuestos en todo a vivir honestamente.

19 Pero os ruego que hagáis esto más bien, para que os sea restaurado lo antes posible.

20 Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,

21 os haga aptos en toda buena obra para que hagáis su voluntad, obrando en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

22 Y os ruego, hermanos, que sufráis la palabra de exhortación; porque os he escrito una carta en pocas palabras.

23 Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido puesto en libertad; con quien, si viene pronto, te veré.

24 Saludad a todos los que os gobiernan, ya todos los santos. Los de Italia te saludan.

25 La gracia sea con todos vosotros. Amén. Escrito a los hebreos desde Italia por Timoteo.

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