SECCIÓN 67
Revelación dirigida a los élderes de la iglesia, dada por medio de José Smith, hijo, en una conferencia especial celebrada en Hiram, Ohio, en noviembre de 1831. Hubo algunas críticas entre los élderes con respecto al lenguaje de las revelaciones. William E. McLellin aceptó el desafío de esta revelación pero no pudo producir ninguna mejora.
1a Miren y escuchen, oh élderes de mi iglesia, que se han reunido, cuyas oraciones he oído, y cuyos corazones conozco, y cuyos deseos se han presentado ante mí.
1b He aquí, y he aquí, mis ojos están sobre vosotros; y los cielos y la tierra están en mis manos, y las riquezas de la eternidad son mías para dar.
1c Tratasteis de creer que recibiríais la bendición que se os ofrecía, pero he aquí, de cierto os digo, había temores en vuestros corazones; y en verdad esta es la razón por la que no recibisteis.
2a Y ahora bien, yo, el Señor, os doy testimonio de la veracidad de estos mandamientos que están ante vosotros; vuestros ojos han estado sobre mi siervo Joseph Smith, Jr., y habéis conocido su lenguaje; y sus imperfecciones has conocido; y habéis buscado en vuestros corazones conocimiento, para poder expresar más allá de su lenguaje:
2b esto también sabéis: buscad ahora en el Libro de los Mandamientos, aun al más pequeño de entre ellos, y designad al más sabio entre vosotros;
2c o si hay alguno entre vosotros que haga uno semejante a él, entonces estáis justificados al decir que no sabéis que son verdaderos; pero si no podéis hacer uno semejante, estáis bajo condenación si no testificáis que son verdaderos;
2d porque sabéis que no hay injusticia en ellos; y lo que es justo desciende de lo alto, del Padre de las luces.
3a Y además, de cierto os digo, que es vuestro privilegio, y una promesa os doy a los que habéis sido ordenados a este ministerio, que por cuanto os despojéis de los celos y los temores, y os humilleis delante de mí, porque no sois suficientemente humildes, el velo se rasgará, y me veréis y sabréis que yo soy;
3b no con la mente carnal, ni natural, sino con la espiritual; porque ningún hombre ha visto jamás a Dios en la carne, excepto vivificado por el Espíritu de Dios;
3c ni ningún hombre natural puede soportar la presencia de Dios; ni según la mente carnal; no podéis soportar ahora la presencia de Dios, ni el ministerio de los ángeles; por tanto, continuad con paciencia hasta que seáis perfeccionados.
4 No dejen que sus mentes retrocedan, y cuando sean dignos, en mi debido tiempo, verán y sabrán lo que les fue conferido por las manos de mi siervo José Smith, Jr. Amén.
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