Las palabras de Mormón

Las palabras de Mormón

Capítulo 1

1 Y ahora yo, Mormón, estando a punto de entregar el registro que he estado haciendo, en las manos de mi hijo Moroni, he aquí, he sido testigo de casi toda la destrucción de mi pueblo, los nefitas.
2 Y es muchos cientos de años después de la venida de Cristo, que entrego estos registros en las manos de mi hijo; y me imagino que él será testigo de la destrucción total de mi pueblo.
3 Pero Dios le conceda que les sobreviva, para que escriba algo acerca de ellos, y algo acerca de Cristo, para que quizás algún día les aproveche.
4 Y ahora, hablo algo acerca de lo que he escrito: porque después de haber hecho un compendio de las planchas de Nefi, hasta el reinado de este rey Benjamín, de quien habló Amalekí,
5 Busqué entre los registros que me habían sido entregados, y encontré estas planchas, que contenían este breve relato de los profetas, desde Jacob hasta el reinado de este rey Benjamín, y también muchas de las palabras de Nefi.
6 Y las cosas que están sobre estas planchas me agradan, a causa de las profecías de la venida de Cristo; y sabiendo mis padres que muchas de ellas se han cumplido;
7 Sí, y también sé que tantas cosas como se han profetizado acerca de nosotros hasta el día de hoy, se han cumplido; y tantos como van más allá de este día, ciertamente deben suceder;
8 Por tanto, escogí estas cosas para terminar mi registro sobre ellas, cuyo resto de mi registro tomaré de las planchas de Nefi; y no puedo escribir la centésima parte de las cosas de mi pueblo.
9 Pero he aquí, tomaré estas planchas, que contienen estas profecías y revelaciones, y las pondré con el resto de mi registro, porque son escogidas para mí; y sé que serán escogidos para mis hermanos.
10 Y hago esto con un propósito sabio; porque así me susurra, según las obras del Espíritu del Señor que está en mí.
11 Y ahora bien, no sé todas las cosas; pero el Señor sabe todas las cosas que han de venir; por tanto, él obra en mí para hacer según su voluntad.
12 Y mi oración a Dios es acerca de mis hermanos, para que puedan volver al conocimiento de Dios; sí, la redención de Cristo; para que vuelvan a ser un pueblo deleitable.
13 Y ahora yo, Mormón, procedo a terminar mi registro, el cual tomo de las planchas de Nefi; y lo hago según el conocimiento y el entendimiento que Dios me ha dado.
14 Por tanto, aconteció que después que Amalekí hubo entregado estas planchas en manos del rey Benjamín, él las tomó y las puso con las otras planchas, que contenían anales que habían sido transmitidos por los reyes de generación en generación, hasta los días del rey Benjamín;
15 Y fueron transmitidos del rey Benjamín, de generación en generación, hasta que cayeron en mis manos.
16 Y yo, Mormón, ruego a Dios que puedan ser preservados, de ahora en adelante.
17 Y sé que serán preservados, porque en ellos están escritas grandes cosas, por las cuales mi pueblo y sus hermanos serán juzgados en el gran y último día, conforme a la palabra de Dios que está escrita.
18 Y ahora bien, acerca de este rey Benjamín: él tenía algunas contiendas entre su propio pueblo.
19 Y aconteció también que los ejércitos de los lamanitas descendieron de la tierra de Nefi para luchar contra su pueblo.
20 Mas he aquí, el rey Benjamín reunió sus ejércitos y se enfrentó a ellos; y peleó con la fuerza de su propio brazo, con la espada de Labán;
21 Y con la fuerza del Señor lucharon contra sus enemigos, hasta que hubieron matado a muchos miles de lamanitas.
22 Y sucedió que contendieron contra los lamanitas, hasta que los hubieron expulsado de todas las tierras de su herencia.
23 Y sucedió que después que hubo falsos Cristos, y sus bocas fueron cerradas, y fueron castigados de acuerdo con sus delitos;
24 Y habiendo habido falsos profetas, y falsos predicadores y maestros entre el pueblo, y habiendo sido todos éstos castigados según sus delitos;
25 Y después de haber habido muchas contenciones y muchas disensiones hacia los lamanitas, he aquí, sucedió que el rey Benjamín, con la ayuda de los santos profetas que estaban entre su pueblo; porque he aquí, el rey Benjamín era un hombre santo, y reinó sobre su pueblo con justicia.
26 Y había muchos hombres santos en la tierra; y hablaron la palabra de Dios, con poder y con autoridad; y usaron mucha agudeza a causa de la obstinación del pueblo;
27 Por tanto, con la ayuda de estos, el rey Benjamín, trabajando con todas las fuerzas de su cuerpo y la facultad de toda su alma, y también los profetas, restableció una vez más la paz en la tierra.

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