Deuteronomio

CAPÍTULO 1

Discurso de Moisés.

1 Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel de este lado del Jordán en el desierto, en la llanura frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab.

2 (Hay once días de camino desde Horeb por el camino del monte Seir hasta Cades-barnea.)

3 Y aconteció en el año cuarenta, en el mes undécimo, el día primero del mes, que Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que el Señor le había mandado a él;

4 Después de haber matado a Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, ya Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrei;

5 De este lado del Jordán, en la tierra de Moab, Moisés comenzó a declarar esta ley, diciendo:

6 El Señor nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Bastante habéis vivido en este monte;

7 Vuélvete, y emprende tu viaje, y ve al monte de los amorreos, y a todos los lugares cercanos a él, en la llanura, en las colinas, en el valle, en el sur y junto al mar, para la tierra de los cananeos, y hasta el Líbano, hasta el gran río Eufrates.

8 He aquí, he puesto la tierra delante de vosotros; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos.

9 Y os hablé en aquel tiempo, diciendo: Yo solo no puedo llevaros;

10 El Señor vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí, sois hoy como las estrellas del cielo en multitud.

11 (¡El Señor, el Dios de vuestros padres, os haga mil veces más de lo que sois, y os bendiga, como os ha prometido!)

12 ¿Cómo puedo yo solo soportar vuestro peso, y vuestra carga, y vuestra contienda?

13 Tomaos sabios y entendidos, y notorios entre vuestras tribus, y los pondré por señores sobre vosotros.

14 Y me respondisteis, y dijisteis: Bueno es que hagamos lo que has dicho.

15 Entonces tomé a los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y conocidos, y los puse por cabezas sobre vosotros, capitanes de mil, capitanes de centenas, capitanes de cincuenta y capitanes de diez, y oficiales entre vuestras tribus.

16 Y mandé a vuestros jueces en aquel tiempo, diciendo: Oíd las causas entre vuestros hermanos, y juzgad con justicia entre cada uno y su hermano, y el extranjero que con él está.

17 No haréis acepción de personas en el juicio; pero oiréis tanto a los pequeños como a los grandes; no tendréis miedo de la presencia del hombre; porque el juicio es de Dios; y la causa que os resulte demasiado difícil, traedmela, y yo la oiré.

18 Y os mandé en aquel tiempo todas las cosas que debéis hacer.

19 Y cuando partimos de Horeb, atravesamos todo aquel desierto grande y terrible, que habéis visto por el camino del monte de los amorreos, como el Señor nuestro Dios nos ha mandado; y llegamos a Cades-barnea.

20 Y os dije: Habéis venido al monte de los amorreos, que el Señor nuestro Dios nos da.

21 He aquí, Jehová tu Dios ha puesto la tierra delante de ti; sube y toma posesión de ella, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres; no temas, ni te desanimes.

22 Y os acercasteis a mí cada uno de vosotros, y dijisteis: Enviaremos hombres delante de nosotros, y ellos nos reconocerán la tierra, y nos traerán palabra de nuevo por qué camino debemos subir, y a qué ciudades iremos. ven.

23 Y la palabra me agradó mucho; y tomé de vosotros doce varones, uno por tribu;

24 Y se volvieron y subieron al monte, y llegaron al valle de Escol, y lo reconocieron.

25 Y tomaron en sus manos del fruto de la tierra, y lo trajeron hacia nosotros, y nos dieron cuenta, y dijeron: Buena es la tierra que nos da el Señor nuestro Dios.

26 Mas no quisisteis subir, sino que os rebelasteis contra el mandamiento de Jehová vuestro Dios;

27 Y murmurabais en vuestras tiendas, y deciais: Porque Jehova nos aborrecio, nos ha sacado de la tierra de Egipto, para entregarnos en manos de los amorreos, para destruirnos.

28 ¿Adónde subiremos? nuestros hermanos han desalentado nuestro corazón, diciendo: El pueblo es más grande y más alto que nosotros; las ciudades son grandes y amuralladas hasta el cielo; y además hemos visto allí a los hijos de los anaceos.

29 Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos.

30 Jehová vuestro Dios, que va delante de vosotros, él peleará por vosotros, como hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos;

31 y en el desierto, donde has visto que Jehová tu Dios te llevó, como el hombre lleva a su hijo, por todo el camino que anduvisteis, hasta que vinisteis a este lugar.

32 Mas en esto no creísteis al Señor vuestro Dios,

33 Quien iba delante de vosotros por el camino, para buscaros un lugar donde poner vuestras tiendas, en el fuego de noche, para mostraros el camino por donde debíais andar, y en la nube de día.

34 Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y se enojó, y juró, diciendo:

35 Ciertamente ninguno de estos hombres de esta mala generación verá la buena tierra, que juré dar a vuestros padres,

36 Excepto Caleb, hijo de Jefone; él la verá, ya él le daré la tierra que ha pisado ya sus hijos, porque ha seguido fielmente al Señor.

37 También el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes, diciendo: Tampoco tú entrarás allá.

38 Mas Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá; animarlo; porque él la hará heredar a Israel.

39 Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, y vuestros hijos, que en aquel día no sabían entre el bien y el mal, entrarán allá, y yo se la daré, y la poseerán.

40 En cuanto a ti, vuélvete y emprende tu viaje al desierto por el camino del Mar Rojo.

41 Entonces respondisteis y me dijisteis: Hemos pecado contra el Señor, subiremos y pelearemos, conforme a todo lo que el Señor nuestro Dios nos ha mandado. Y cuando os hubisteis ceñido cada uno sus armas de guerra, os dispusisteis a subir al monte.

42 Y me dijo el Señor: Diles: No subáis, ni peleéis; porque yo no estoy entre vosotros; para que no seáis heridos delante de vuestros enemigos.

43 Así os hablé; y no quisisteis oír, sino que os rebelasteis contra el mandamiento del Señor, y subisteis con presunción al monte.

44 Y salieron contra vosotros los amorreos que habitan en aquel monte, y os persiguieron como hacen las abejas, y os destruyeron en Seir, hasta Horma.

45 Y volvisteis y llorasteis delante del Señor; mas el Señor no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.

46 Y permanecisteis en Cades muchos días, conforme a los días que permanecisteis allí.  


CAPITULO 2

El discurso de Moisés continuó.

1 Entonces nos volvimos y partimos hacia el desierto por el camino del Mar Rojo, como el Señor me había dicho; y rodeamos el monte Seir muchos días.

2 Y el Señor me habló, diciendo:

3 Bastante habéis rodeado este monte; vuélvete hacia el norte.

4 Y manda tú al pueblo, diciendo: Pasaréis por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir; y te tendrán miedo; Por lo tanto, cuídense mucho de ustedes mismos;

5 No te metas con ellos; porque de su tierra no os daré, ni aun la anchura de un pie; porque he dado el monte de Seir a Esaú en posesión.

6 Por dinero compraréis de ellos carne, para que comáis; y también compraréis de ellos agua por dinero, para que bebáis.

7 Porque Jehová tu Dios te ha bendecido en todas las obras de tus manos; él conoce tu paso por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado.

8 Y cuando pasamos de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino de la llanura desde Elat y desde Ezión-gaber, nos desviamos y pasamos por el camino del desierto de Moab.

9 Y me dijo el Señor: No angusties a los moabitas, ni contiendas con ellos en batalla; porque no te daré de su tierra en posesión; porque he dado Ar a los hijos de Lot en posesión.

10 Los Emim habitaron allí en otro tiempo, un pueblo grande y numeroso y alto como los Anakim;

11 los cuales también fueron tenidos por gigantes, como los anaceos; pero los moabitas los llaman Emim.

12 Los Horim también habitaron en Seir antes de tiempo; pero los hijos de Esaú los sucedieron, cuando los hubieron destruido de delante de ellos, y habitaron en su lugar; como hizo Israel con la tierra de su posesión, que el Señor les dio.

13 Ahora levántate, dije yo, y pasa el arroyo Zered. Y pasamos el arroyo de Zered.

14 Y el tiempo que pasamos desde Cades-barnea, hasta que pasamos el arroyo de Zered, fue treinta y ocho años; hasta que toda la generación de los hombres de guerra fue extinguida de en medio del ejército, como el Señor les había jurado.

15 Porque ciertamente la mano del Señor estaba contra ellos, para destruirlos de en medio del ejército, hasta que fueran exterminados.

16 Y aconteció que cuando todos los hombres de guerra fueron consumidos y muertos de entre el pueblo,

17 Que el Señor me habló, diciendo:

18 Tú vas a pasar hoy por Ar, la costa de Moab;

19 Y cuando te acerques frente a los hijos de Amón, no los aflijas, ni te entrometas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra de los hijos de Amón; porque la he dado a los hijos de Lot en posesión.

20 (Esa también fue contada como tierra de gigantes; gigantes habitaron en ella en la antigüedad; y los amonitas los llaman Zamzummim;

21 Un pueblo grande y numeroso y alto como los anaceos; pero el Señor los destruyó delante de ellos; y ellos los sucedieron, y habitaron en su lugar;

22 Como hizo con los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, cuando destruyó los Horim de delante de ellos; y ellos les sucedieron, y habitaron en su lugar hasta el día de hoy;

23 Y los Avim que habitaban en Hazerim, hasta Azza, los Caftorim, que salieron de Caftor, los destruyeron y habitaron en su lugar.)

24 Levantaos, emprended vuestro viaje, y pasad el río Arnón; he aquí, yo he entregado en tu mano a Sehón el amorreo, rey de Hesbón, y su tierra; comienza a poseerlo, y lucha con él en la batalla.

25 Desde este día comenzaré a poner tu temor y tu pavor sobre las naciones que están debajo de todo el cielo, las cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán por causa de ti.

26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo:

27 Déjame pasar por tu tierra; Iré por el camino, no me desviaré a la derecha ni a la izquierda.

28 La carne me venderás por dinero para que yo coma; y dame agua por dinero, para que yo pueda beber; sólo yo pasaré de pie;

29 (como hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitan en Seir, y los moabitas que habitan en Ar), hasta que pase el Jordán a la tierra que el Señor nuestro Dios nos da.

30 Pero Sehón, rey de Hesbón, no nos dejó pasar; porque endureció su espíritu, y obstinó su corazón, para que Jehová tu Dios lo entregara en tu mano, como lo ha hecho hoy.

31 Y el Señor me dijo: He aquí, he comenzado a dar a Sehón y su tierra delante de ti; comienza a poseer, para que heredes su tierra.

32 Entonces Sehón salió contra nosotros, él y todo su pueblo, para pelear en Jahaz.

33 Y el Señor nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él, a sus hijos ya todo su pueblo.

34 Y tomamos todas sus ciudades en ese tiempo, y destruimos por completo a los hombres, y las mujeres, y los niños, de cada ciudad, no dejamos que quedara ninguno;

35 Solamente tomamos para nosotros el ganado y los despojos de las ciudades que tomamos.

36 Desde Aroer, que está a la orilla del río Arnón, y desde la ciudad que está junto al río, hasta Galaad, no hubo ciudad más fuerte que nosotros; el Señor nuestro Dios nos entregó todo;

37 Solamente a la tierra de los hijos de Amón no entraste, ni a ningún lugar del río Jaboc, ni a las ciudades en las montañas, ni a todo lo que el Señor nuestro Dios nos prohibió.  


CAPÍTULO 3

El discurso de Moisés concluyó.

1 Entonces dimos la vuelta y subimos por el camino de Basán; y Og rey de Basán salió contra nosotros, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei.

2 Y me dijo el Señor: No le temas; porque lo entregaré a él, a todo su pueblo y a su tierra, en tu mano; y harás con él como hiciste con Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón.

3 Y el Señor nuestro Dios entregó en nuestras manos también a Og, rey de Basán, ya todo su pueblo; y lo herimos hasta que no le quedó ninguno.

4 Y tomamos todas sus ciudades en aquel tiempo, no quedó ciudad que no les tomáramos, sesenta ciudades, toda la región de Argob, el reino de Og en Basán.

5 Todas estas ciudades estaban cercadas con altos muros, puertas y barras; junto a ciudades sin murallas muchas.

6 Y los destruimos por completo, como hicimos con Sehón rey de Hesbón, destruyendo por completo a los hombres, mujeres y niños de cada ciudad.

7 Pero todos los ganados y los despojos de las ciudades los tomamos para nosotros.

8 Y tomamos en aquel tiempo de mano de los dos reyes de los amorreos la tierra que estaba de este lado del Jordán, desde el río Arnón hasta el monte Hermón;

9 (Al cual Hermón llaman los sidonios Sirion, y los amorreos lo llaman Shenir;)

10 Todas las ciudades de la llanura, y todo Galaad, y todo Basán, hasta Salca y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán.

11 Porque del resto de los gigantes sólo quedó Og, rey de Basán; he aquí, la cama de él era una cama de hierro; ¿No está en Rabbat de los hijos de Amón? nueve codos era su largo, y cuatro codos su ancho, según el codo de un hombre.

12 Y esta tierra que poseíamos entonces, desde Aroer, que está junto al río Arnón, y la mitad del monte de Galaad, y sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas.

13 Y el resto de Galaad, y todo Basán, siendo el reino de Og, lo di a la media tribu de Manasés; toda la región de Argob, con todo Basán, que se llamaba la tierra de los gigantes.

14 Jair hijo de Manasés tomó todo el país de Argob hasta los términos de Geshuri y Maachathi; y los llamó por su propio nombre, Basán-havot-jair, hasta el día de hoy.

15 Y di Galaad a Maquir.

16 Y a los rubenitas ya los gaditas les di desde Galaad hasta el río Arnón la mitad del valle, y el término hasta el río Jaboc, que es el término de los hijos de Amón;

17 También la llanura y el Jordán, y su término, desde Cineret hasta el mar de la llanura, el mar Salado, debajo de Asdot-pisga al oriente.

18 Y os mandé en aquel tiempo, diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado esta tierra para que la poseáis; pasaréis armados delante de vuestros hermanos los hijos de Israel, todos los que están preparados para la guerra.

19 Pero vuestras mujeres, y vuestros niños, y vuestro ganado (porque yo sé que tenéis mucho ganado), habitarán en vuestras ciudades que os he dado;

20 hasta que Jehová dé descanso a vuestros hermanos, como también a vosotros, y hasta que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les ha dado al otro lado del Jordán; y entonces volveréis cada uno a la posesión que os he dado.

21 Y mandé entonces a Josué, diciendo: Tus ojos han visto todo lo que Jehová tu Dios ha hecho con estos dos reyes; así hará el Señor con todos los reinos por donde pases.

22 No los temeréis; porque el Señor tu Dios peleará por ti.

23 Entonces rogué al Señor en aquel tiempo, diciendo:

24 Oh Señor Dios, que has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; porque ¿qué Dios hay en el cielo o en la tierra, que pueda hacer según tus obras y según tus fuerzas?

25 Te ruego que me permitas pasar y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, esa hermosa montaña y el Líbano.

26 Pero el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes, y no me escuchó; y el Señor me dijo: Bástete; no me hables más de este asunto.

27 Sube a la cumbre del Pisgá, y alza tus ojos al occidente, al norte, al sur y al oriente, y míralo con tus ojos; porque no pasarás este Jordán.

28 Mas manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo; porque él pasará delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que tú verás.

29 Nos quedamos, pues, en el valle frente a Beth-peor.  


CAPÍTULO 4

Una exhortación a la obediencia: Moisés designa las tres ciudades de refugio de ese lado del Jordán.

1 Ahora, pues, escucha, oh Israel, los estatutos y los decretos que yo te enseño, para que los cumplas y vivas, y entres y poseas la tierra que el Señor, el Dios de tus padres, te da.

2 No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis nada de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os mando.

3 Tus ojos han visto lo que hizo el Señor a causa de Baal-peor; porque a todos los hombres que siguieron a Baal-peor, el Señor tu Dios los ha destruido de en medio de ti.

4 Pero vosotros que os aferrásteis al Señor vuestro Dios, cada uno de vosotros está vivo hoy.

5 He aquí, os he enseñado estatutos y derechos, tal como el Señor mi Dios me ha mandado, para que así hagáis en la tierra adonde entráis para poseerla.

6 Guardad, pues, y hacedlas; porque esta es vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a la vista de las naciones, las cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente esta gran nación es pueblo sabio y entendido.

7 Porque ¿qué nación hay tan grande que tenga a Dios tan cerca de ellos, como lo está el Señor nuestro Dios en todas las cosas que le invocamos?

8 ¿Y qué nación hay tan grande que tenga estatutos y juicios tan justos como toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?

9 Solamente cuídate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino enséñales a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.

10 Especialmente el día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Reúneme el pueblo, y yo les haré oír mis palabras, para que aprendan a temerme todos los días que habiten sobre la tierra, y para que enseñen a sus hijos.

11 Y os acercasteis y os parasteis debajo del monte; y el monte ardió con fuego hasta la mitad del cielo, con tinieblas, nubes y densas tinieblas.

12 Y el Señor os habló de en medio del fuego; oísteis la voz de las palabras, pero no visteis semejanza alguna; sólo vosotros oísteis una voz.

13 Y él os declaró su pacto, el cual os mandó poner por obra, sí, los diez mandamientos; y las escribió en dos tablas de piedra.

14 Y el Señor me mandó en ese tiempo que os enseñara estatutos y juicios, para que los pudieseis poner por obra en la tierra a la cual vais a pasar para poseerla.

15 Por tanto, guardaos bien de vosotros mismos; porque ninguna semejanza visteis el día que os habló Jehová en Horeb de en medio del fuego;

16 para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, semejanza de varón o hembra,

17 La figura de cualquier animal que está sobre la tierra, la figura de cualquier ave alada que vuele en el aire.

18 La figura de cualquier cosa que se arrastra sobre la tierra, la figura de cualquier pez que haya en las aguas debajo de la tierra;

19 Y no sea que alces tus ojos al cielo, y cuando veas el sol, la luna y las estrellas, todo el ejército del cielo, sea impulsado a adorarlos y servirlos, lo cual Jehová tu Dios ha hecho. repartido a todas las naciones debajo de todo el cielo.

20 Pero el Señor os ha tomado y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis su pueblo heredero, como lo sois hoy.

21 Y Jehová se enojó conmigo por causa de vosotros, y juró que no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra que Jehová vuestro Dios os da por heredad;

22 Pero debo morir en esta tierra, no debo pasar el Jordán; pero vosotros pasaréis, y poseeréis esa buena tierra.

23 Mirad por vosotros mismos, que no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios, que él hizo con vosotros, y os hagáis escultura o imagen de cosa alguna, que Jehová vuestro Dios os ha prohibido.

24 Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.

25 Cuando engendrares hijos e hijos de hijos, y hubieres permanecido mucho tiempo en la tierra, y te corrompieres, y te hicieres escultura o imagen de cualquier cosa, e hicieres lo malo ante los ojos de Jehová tu Dios, para provocarlo a ira;

26 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que pronto pereceréis por completo de la tierra adonde vais pasando el Jordán para poseerla; no prolongaréis vuestros días sobre él, sino que seréis completamente destruidos.

27 Y el Señor os esparcirá entre las naciones, y quedaréis pocos en número entre las naciones, adonde os llevará el Señor.

28 Y allí serviréis a dioses hechos por manos de hombres, de madera y de piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen.

29 Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.

30 Cuando estés en tribulación, y te sobrevengan todas estas cosas, aun en los postreros días, si te vuelves al Señor tu Dios, y obedeces su voz;

31 (Porque Jehová tu Dios es Dios misericordioso;) no te desamparará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto de tus padres, que les juró.

32 Porque pregunta ahora de los días pasados, que fueron antes de ti, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra, y pregunta de un lado del cielo al otro, si ha habido tal cosa como esta gran cosa. es, o se ha oído como tal?

33 ¿Oyó alguna vez el hombre la voz de Dios hablando de en medio del fuego, como tú la has oído, y vivió?

34 ¿O ha probado Dios ir y tomar para sí una nación de en medio de otra nación, con tentaciones, con señales, con prodigios y con guerra, y con mano fuerte, y brazo extendido, y con grande terrores, como todo lo que Jehová tu Dios hizo por ti en Egipto delante de tus ojos?

35 A ti te fue mostrado, para que sepas que el Señor es Dios; no hay nadie más aparte de él.

36 Desde los cielos te hizo oír su voz, para instruirte; y sobre la tierra te mostró su gran fuego; y oíste sus palabras de en medio del fuego.

37 Y porque amó a tus padres, por eso escogió su simiente después de ellos, y delante de sus ojos te sacó de Egipto con su gran poder;

38 Para echar de delante de ti naciones más grandes y más poderosas que tú, para traerte, para darte su tierra en heredad, como lo es hoy.

39 Aprende, pues, hoy, y consideralo en tu corazón, que Jehová es Dios arriba en los cielos, y abajo en la tierra; no hay nadie más

40 Guarda, pues, sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da, para siempre.

41 Entonces Moisés dividió tres ciudades de este lado del Jordán hacia el nacimiento del sol;

42 Para que huya allá el homicida, que matare a su prójimo sin saberlo, y no le aborreciera en otro tiempo; y que huyendo a una de estas ciudades pudiera vivir;

43 Es decir, Bezer en el desierto, en la llanura, de los rubenitas; y Ramot de Galaad, de los gaditas; y Golán en Basán, de los manasitas.

44 Y esta es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel;

45 Estos son los testimonios, y los estatutos y los juicios que Moisés habló a los hijos de Israel, después que salieron de Egipto.

46 De este lado del Jordán, en el valle frente a Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón, al cual hirió Moisés y los hijos de Israel, después que saliste de Egipto;

47 Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán, dos reyes de los amorreos, que estaban de este lado del Jordán hacia el nacimiento del sol;

48 Desde Aroer, que está a la orilla del río Arnón, hasta el monte Sión, que es Hermón,

49 y toda la llanura de este lado del Jordán hacia el oriente, hasta el mar de la llanura, debajo de los manantiales del Pisgá.  


CAPÍTULO 5

El pacto en Horeb — Los diez mandamientos — Moisés recibe la ley.

1 Y llamó Moisés a todo Israel, y les dijo: Oíd, Israel, los estatutos y los juicios que os hablo hoy a oídos, para que los aprendáis, los guardéis y los pongáis por obra.

2 El Señor nuestro Dios hizo un pacto con nosotros en Horeb.

3 El Señor no hizo este pacto con nuestros padres, sino con nosotros, todos nosotros aquí vivos hoy.

4 Cara a cara hablaba el Señor con vosotros en el monte de en medio del fuego,

5 (Yo me interpuse entre el Señor y vosotros en aquel tiempo, para anunciaros la palabra del Señor, porque vosotros teníais miedo a causa del fuego, y no subíais al monte), diciendo:

6 Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

8 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra;

9 No te inclinarás a ellas, ni las servirás; porque yo, Jehová tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

10 y mostrando misericordia a millares de los que me aman y guardan mis mandamientos.

11 No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque el Señor no dará por inocente al que tomare su nombre en vano.

12 Guarda el día de reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.

13 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

14 Mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; ninguna obra harás en ella, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus ganados, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas; para que tu siervo y tu sierva descansen como tú.

15 Y acuérdate que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por tanto, Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.

16 Honra a tu padre ya tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien en la tierra que Jehová tu Dios te da.

17 No matarás.

18 Ni cometerás adulterio.

19 Ni hurtarás.

20 Ni hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

21 Ni desearás la mujer de tu prójimo, ni codiciarás la casa de tu prójimo, ni su campo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

22 Estas palabras habló el Señor a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de las densas tinieblas, a gran voz; y no añadió más. Y él las escribió en dos tablas de piedra, y me las entregó.

23 Y aconteció que cuando oísteis la voz de en medio de las tinieblas (porque el monte ardía con fuego), que os acercasteis a mí, todos los jefes de vuestras tribus y vuestros ancianos;

24 Y dijisteis: He aquí, el Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego; hemos visto hoy que Dios habla con el hombre, y éste vive.

25 Ahora pues, ¿por qué hemos de morir? porque este gran fuego nos consumirá; si volvemos a oír la voz del Señor nuestro Dios, entonces moriremos.

26 Porque ¿quién hay de toda carne que haya oído la voz del Dios viviente hablando de en medio del fuego, como nosotros, y haya vivido?

27 Acércate tú y oye todo lo que el Señor nuestro Dios diga; y háblanos tú todo lo que el Señor nuestro Dios te diga; y lo oiremos, y lo haremos.

28 Y el Señor oyó la voz de vuestras palabras, cuando me hablasteis; y me dijo el Señor: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que te han hablado; Bien han dicho todo lo que han dicho.

29 ¡Ojalá hubiera en ellos tal corazón que me temieran y guardaran siempre todos mis mandamientos, para que les fuera bien a ellos y a sus hijos para siempre!

30 Id y decidles: Vuelvan a entrar en sus tiendas.

31 En cuanto a ti, quédate aquí conmigo, y te hablaré todos los mandamientos, estatutos y decretos que les enseñarás, para que los cumplan en la tierra que les doy en posesión. eso.

32 Cuidaréis, pues, de hacer como os ha mandado el Señor vuestro Dios; no os desviaréis a la derecha ni a la izquierda.

33 Andaréis en todos los caminos que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis, y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que poseeréis.  


CAPÍTULO 6

El fin de la ley es la obediencia — Una exhortación a la misma.

1 Y estos son los mandamientos, los estatutos y los decretos que Jehová vuestro Dios ha mandado enseñaros, para que los cumplais en la tierra a la cual entráis para poseerla;

2 para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida; y para que tus días sean prolongados.

3 Oye, pues, Israel, y cuida de hacerlo; para que os vaya bien, y crezcáis poderosamente, como os ha dicho Jehová el Dios de vuestros padres, en la tierra que mana leche y miel.

4 Oye, oh Israel; El Señor nuestro Dios es un solo Señor;

5 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas.

6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán en tu corazón;

7 Y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando andes por el camino, y cuando te acuestes, y cuando te levantes.

8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos.

9 Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

10 Y acontecerá que cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra de la cual juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría ciudades grandes y buenas que tú no edificaste,

11 Y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y pozos cavados, que tú no cavaste, viñas y olivos, que tú no plantaste; cuando hayas comido y te hayas saciado;

12 Cuídate, pues, de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

13 A Jehová tu Dios temerás, y le servirás, y por su nombre jurarás.

14 No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros alrededores;

15 (Porque Jehová tu Dios es Dios celoso entre vosotros;) no sea que la ira de Jehová tu Dios se encienda contra ti, y te borre de sobre la faz de la tierra.

16 No tentaréis al Señor vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.

17 Guardad diligentemente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que él os ha mandado.

18 Y harás lo recto y bueno a los ojos del Señor; para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que el Señor juró a tus padres.

19 para echar de delante de ti a todos tus enemigos, como ha dicho Jehová.

20 Y cuando tu hijo te preguntare mañana, diciendo: ¿Qué significan los testimonios, y los estatutos, y los decretos, que Jehová nuestro Dios os ha mandado?

21 Entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto; y el Señor nos sacó de Egipto con mano poderosa;

22 Y Jehová mostró señales y prodigios, grandes y terribles, sobre Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos;

23 Y nos sacó de allí para traernos, para darnos la tierra que juró a nuestros padres.

24 Y el Señor nos mandó que cumpliéramos todos estos estatutos, para temer al Señor nuestro Dios, para nuestro bien todos los días, para que él nos conserve la vida, como lo es en este día.

25 Y será nuestra justicia, si cuidamos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.  


CAPÍTULO 7

Prohibida toda comunión con las naciones.

1 Cuando Jehová tu Dios te introduzca en la tierra a la cual vas a tomar posesión de ella, y haya echado de delante de ti muchas naciones, a los heteos, a los gergeseos, a los amorreos, a los cananeos, a los ferezeos y a los heveos. y los jebuseos, siete naciones mayores y más poderosas que tú;

2 Y cuando Jehová tu Dios los entregue delante de ti; los herirás y los destruirás por completo; no harás pacto con ellos, ni les mostrarás misericordia;

3 Ni te casarás con ellos; tu hija no darás para su hijo, ni su hija tomarás para tu hijo.

4 Porque apartarán a tu hijo de en pos de mí, para servir a dioses ajenos; así se encenderá la ira de Jehová contra vosotros, y os destruirá de repente.

5 Mas así haréis con ellos; Sus altares destruiréis, y quebraréis sus imágenes, y talaréis sus imágenes de asera, y quemaréis con fuego sus imágenes esculpidas.

6 Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.

7 El Señor no puso su amor en vosotros, ni os escogió, porque sois más en número que cualquier pueblo; porque vosotros erais los más pequeños de todos los pueblos;

8 Mas porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó Jehová con mano fuerte, y os redimió de casa de servidumbre, de mano de Faraón rey. de Egipto

9 Sabed, pues, que Jehová vuestro Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;

10 Y en su misma cara da el pago a los que le aborrecen, destruyéndolos; no será negligente con el que lo aborrece, en su misma cara le dará el pago.

11 Guarda, pues, los mandamientos, los estatutos y los decretos que yo te ordeno hoy que los cumplas.

12 Por tanto, acontecerá que si escucháis estos juicios, y los guardáis y los hacéis, que el Señor vuestro Dios os guardará el pacto y la misericordia que juró a vuestros padres;

13 Y él te amará, te bendecirá y te multiplicará; bendecirá también el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, tu grano, y tu mosto, y tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres para darte

14 Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá entre ti, ni entre tus ganados, varón ni hembra estéril.

15 Y quitará Jehová de ti toda enfermedad, y ninguna de las malas plagas de Egipto, que tú conoces, pondrá sobre ti; pero las pondré sobre todos los que te aborrecen.

16 Y consumirás a todos los pueblos que Jehová tu Dios te entregará; tu ojo no tendrá piedad de ellos; ni servirás a sus dioses; porque eso será una trampa para ti.

17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son más que yo; ¿Cómo puedo desposeerlos?

18 No les tengas miedo; antes bien te acordarás de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón, y con todo Egipto;

19 Las grandes tentaciones que vieron tus ojos, y las señales y prodigios, y la mano fuerte, y el brazo extendido, con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todo el pueblo de quien tú tienes miedo.

20 Y Jehová tu Dios enviará sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren y se escondieren de ti.

21 No tengas miedo de ellos; porque Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios fuerte y temible.

22 Y el Señor tu Dios echará de delante de ti a esas naciones poco a poco; no los consumas de una vez, para que no se multipliquen sobre ti las bestias del campo.

23 Mas Jehová tu Dios te las entregará, y las destruirá con gran destrucción, hasta que sean destruidas.

24 Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás su nombre de debajo del cielo; nadie te podrá hacer frente hasta que los hayas destruido.

25 Las imágenes talladas de sus dioses quemaréis con fuego; no codiciarás la plata ni el oro que hay en ellos, ni te lo tomarás, para que no seas enredado en ello; porque es abominación a Jehová tu Dios.

26 Ni traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema como ella; pero tú lo aborrecerás completamente, y lo aborrecerás completamente; porque es cosa maldita.  


CAPÍTULO 8

Una exhortación a la obediencia.

1 Cuidaréis de cumplir todos los mandamientos que yo os ordeno hoy, para que viváis y os multipliquéis, y entréis y poseáis la tierra que el Señor juró a vuestros padres.

2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte y probarte, para saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos.

3 Y te humilló, y te hizo pasar hambre, y te sustentó con maná, cosa que tú no conocías, ni tus padres conocieron; para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor vive el hombre.

4 Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni tu pie se hinchó, estos cuarenta años.

5 Considerarás también en tu corazón, que como el hombre disciplina a su hijo, así el Señor tu Dios te castiga a ti.

6 Guarda, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.

7 Porque Jehová tu Dios te ha traído a una buena tierra, tierra de arroyos de aguas, de fuentes y de abismos que brotan de los valles y de las colinas;

8 Tierra de trigo, de cebada, de vid, de higueras y de granados; tierra de aceite de olivo y de miel;

9 Tierra en la cual no comerás el pan con escasez, nada te faltará en ella; una tierra cuyas piedras son de hierro, y de cuyos montes podrás sacar bronce.

10 Cuando hayas comido y te hayas saciado, entonces bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que te ha dado.

11 Guárdate de no olvidarte de Jehová tu Dios, no guardando sus mandamientos, y sus juicios, y sus estatutos, que yo te ordeno hoy;

12 no sea que cuando comáis y os saciéis, y edifiques buenas casas, y habites en ellas;

13 Y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y tu oro se multipliquen, y todo lo que tienes se multiplique;

14 Entonces se enaltecerá tu corazón, y te olvidarás de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre;

15 que te condujo por aquel desierto grande y espantoso, en el cual había serpientes ardientes y escorpiones, y sequía, donde no había agua; quien te sacó agua de la roca del pedernal;

16 el cual te sustentó en el desierto con maná, alimento que tus padres no habían conocido, para afligirte y probarte, para hacerte bien en tu fin;

17 Y dirás en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han dado esta riqueza.

18 Pero te acordarás del Señor tu Dios; porque él es quien te da poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.

19 Y acontecerá que si en algo te olvidares de Jehová tu Dios, y anduvieres en pos de dioses ajenos, y los sirvieres, y los adorares, yo testifico contra vosotros hoy que ciertamente pereceréis.

20 Como las naciones que Jehová destruye delante de vosotros, así pereceréis; porque no obedecisteis a la voz del Señor vuestro Dios.  


CAPÍTULO 9

Moisés ensaya sus rebeliones.   

1 Oye, oh Israel; Tú vas a pasar hoy el Jordán, para entrar a poseer naciones más grandes y poderosas que tú, ciudades grandes y cercadas hasta el cielo,

2 Un pueblo grande y alto, los hijos de Anac, a quienes tú conoces, y de quienes has oído decir: ¿Quién podrá estar delante de los hijos de Anac?

3 Entiende, pues, hoy, que Jehová tu Dios es el que va delante de ti; como fuego consumidor los destruirá, y los derribará delante de ti; así los expulsarás, y los destruirás pronto, como el Señor te ha dicho.

4 No hables en tu corazón, después que el Señor tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído el Señor a poseer esta tierra; mas por la maldad de estas naciones el Señor las echará de delante de ti.

5 No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón, entrarás a poseer la tierra de ellos; mas por la maldad de estas naciones Jehová tu Dios las echa de delante de ti, y para cumplir la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

6 Entiende, pues, que Jehová tu Dios no te da esta buena tierra para que la poseas por tu justicia; porque tú eres un pueblo de dura cerviz.

7 Acuérdate, y no olvides, cómo provocaste a ira a Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que salisteis de la tierra de Egipto, hasta que llegasteis a este lugar, habéis sido rebeldes contra el Señor.

8 También en Horeb provocasteis a ira al Señor, de modo que el Señor se enojó contra vosotros para destruiros.

9 Cuando subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que el Señor hizo con vosotros, me quedé en el monte cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua;

10 Y me dio el Señor dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito conforme a todas las palabras que el Señor os habló en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea.

11 Y sucedió que al cabo de cuarenta días y cuarenta noches, el Señor me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto.

12 Y me dijo el Señor: Levántate, desciende pronto de aquí; porque tu pueblo, que sacaste de Egipto, se ha corrompido; pronto se desviaron del camino que yo les mandé; los han hecho una imagen de fundición.

13 Además me habló el Señor, diciendo: Yo he visto a este pueblo, y he aquí, es un pueblo de dura cerviz.

14 Déjame, para que los destruya, y borre su nombre de debajo del cielo; y haré de ti una nación más poderosa y grande que ellos.

15 Entonces me volví y bajé del monte, y el monte ardía en fuego; y las dos tablas del pacto estaban en mis dos manos.

16 Y miré, y he aquí, habíais pecado contra Jehová vuestro Dios, y os habíais hecho un becerro de fundición; pronto os habíais apartado del camino que el Señor os había mandado.

17 Y tomé las dos tablas, y las arrojé de mis dos manos, y las quebré delante de vuestros ojos.

18 Y me postré delante del Señor, como antes, cuarenta días y cuarenta noches; No comí pan ni bebí agua, a causa de todos vuestros pecados que cometisteis, haciendo lo malo ante los ojos del Señor, para provocarlo a ira.

19 Porque temí la ira y el furor con que el Señor se enojó contra vosotros para destruiros. Pero el Señor me escuchó también en ese momento.

20 Y el Señor estaba muy enojado con Aarón por haberlo destruido; y también oré por Aarón al mismo tiempo.

21 Y tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y lo quemé con fuego, y lo estampé, y lo molí muy pequeño, hasta que fue tan pequeño como el polvo; y eché su polvo en el arroyo que bajaba del monte.

22 Y en Tabera, y en Masah, y en Kibroth-hataavah, provocasteis a ira al Señor.

23 Asimismo, cuando el Señor os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que os he dado; entonces os rebelasteis contra el mandamiento de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni escuchasteis su voz.

24 Vosotros sois rebeldes al Señor desde el día que os conocí.

25 Así caí delante del Señor cuarenta días y cuarenta noches, como caí al principio; porque el Señor había dicho que te destruiría.

26 Entonces oré al Señor, y dije: Señor Dios, no destruyas tu pueblo y tu heredad, que tú redimiste con tu grandeza, que sacaste de Egipto con mano fuerte.

27 Acuérdate de tus siervos Abraham, Isaac y Jacob; no miréis la terquedad de este pueblo, ni su maldad, ni su pecado;

28 para que no digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo Jehová introducirlos en la tierra que les prometió, y porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto.

29 Sin embargo, ellos son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste con tu gran poder y con tu brazo extendido.  


CAPÍTULO 10

Continuación del ensayo de Moisés: una exhortación a la obediencia.     

1 En aquel tiempo me dijo el Señor: Lávate otras dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera.

2 Y escribiré en las tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que tú quebras, excepto las palabras del pacto sempiterno del sacerdocio santo, y las pondrás en el arca.

3 E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte, teniendo las dos tablas en mi mano.

4 Y escribió en las tablas, conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que os habló el Señor en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea; y el Señor me los dio.

5 Y me volví, y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí estarán, como el Señor me mandó.

6 Y los hijos de Israel partieron de Beerot de los hijos de Jaacán a Mosera; allí murió Aarón, y allí fue sepultado; y su hijo Eleazar ejercía el sacerdocio en su lugar.

7 Desde allí viajaron a Gudgodah; y desde Gudgodah hasta Jotbath, una tierra de ríos de aguas.

8 En aquel tiempo el Señor separó a la tribu de Leví para llevar el arca del pacto del Señor, para estar delante del Señor para ministrarle y bendecir en su nombre hasta el día de hoy.

9 Por tanto, Leví no tiene parte ni heredad con sus hermanos; el Señor es su heredad, como el Señor tu Dios le prometió.

10 Y estuve en el monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches; y el Señor me escuchó en ese momento también, y el Señor no te destruiría.

11 Y el Señor me dijo: Levántate, toma tu camino delante del pueblo, para que entren y posean la tierra, la cual juré a sus padres que les daría.

12 Y ahora, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que le ames, y que sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma,

13 para guardar los mandamientos del Señor y sus estatutos que yo te ordeno hoy para tu bien?

14 He aquí, los cielos y los cielos de los cielos son del Señor tu Dios, también la tierra con todo lo que en ella hay.

15 Solamente el Señor se deleitó en tus padres para amarlos, y escogió su simiente después de ellos, a vosotros de entre todos los pueblos, como sucede hoy.

16 Circuncid, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no seáis más obstinados.

17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios grande, poderoso y terrible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho;

18 Ejecuta el juicio del huérfano y de la viuda, y ama al extranjero, dándole pan y vestido.

19 Amad, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

20 Temerás al Señor tu Dios; a él servirás, y a él te unirás, y por su nombre jurarás.

21 El es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho por ti estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.

22 Tus padres descendieron a Egipto con sesenta y diez personas; y ahora el Señor tu Dios te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.  


CAPÍTULO 11

Una exhortación a la obediencia — Un estudio cuidadoso de las palabras de Dios ordenadas — La bendición y la maldición.

1 Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos, y sus juicios, y sus mandamientos, siempre.

2 Y conoced este día; porque no hablo con vuestros hijos que no han conocido ni visto el castigo del Señor vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa y su brazo extendido,

3 y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto, para Faraón rey de Egipto, y para toda su tierra;

4 Y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos y a sus carros; cómo hizo que las aguas del Mar Rojo los anegaran cuando os perseguían, y cómo el Señor los ha destruido hasta el día de hoy;

5 y lo que os hizo en el desierto, hasta que vinisteis a este lugar;

6 Y lo que hizo con Datán y Abiram, hijos de Eliab, hijo de Rubén; cómo la tierra abrió su boca, y se los tragó a ellos, a sus casas, a sus tiendas y a todos los bienes que tenían en medio de todo Israel;

7 Pero vuestros ojos han visto todas las grandes obras del Señor que hizo.

8 Guardad, pues, todos los mandamientos que os mando hoy, para que seáis fuertes, y entréis y poseáis la tierra adonde entráis para poseerla;

9 y para que os prolonguen vuestros días sobre la tierra, que el Señor juró a vuestros padres que les daría a ellos ya su descendencia, una tierra que mana leche y miel.

10 Porque la tierra a la cual entras para poseerla, no es como la tierra de Egipto de donde salisteis, donde sembrabas tu semilla, y regabas con tu pie, como huerta de hortaliza;

11 Mas la tierra adonde entráis para poseerla, es tierra de montes y de valles, y bebe agua de la lluvia del cielo;

12 Tierra que Jehová tu Dios cuida; los ojos de Jehová tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el fin del año.

13 Y acontecerá que si escucháis atentamente mis mandamientos que os mando hoy, de amar al Señor vuestro Dios, y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma,

14 Te daré la lluvia de tu tierra a su tiempo, la lluvia temprana y la lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite.

15 Y enviaré hierba en tus campos para tu ganado, para que comas y te sacies.

16 Mirad por vosotros mismos, que vuestro corazón no sea engañado, y os desviéis, y sirváis a dioses ajenos, y los adoréis;

17 Y entonces la ira del Señor se encenderá contra vosotros, y cerrará los cielos, para que no haya lluvia, y la tierra no dé su fruto; y no perezcáis pronto de sobre la buena tierra que os da el Señor.

18 Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como una señal en vuestra mano, para que sean como frontales entre vuestros ojos.

19 Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.

20 Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas;

21 para que sean multiplicados vuestros días, y los días de vuestros hijos, en la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días del cielo sobre la tierra.

22 Porque si guardareis diligentemente todos estos mandamientos que yo os mando, para ponerlos por obra, para amar al Señor vuestro Dios, para andar en todos sus caminos, y para ser fieles a él;

23 Entonces el Señor echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y poseeréis naciones mayores y más poderosas que vosotros.

24 Todo lugar que pisare la planta de vuestros pies será vuestro; desde el desierto y el Líbano, desde el río, el río Éufrates, hasta el último mar será vuestro término.

25 Nadie te podrá hacer frente; porque Jehová vuestro Dios pondrá vuestro temor y vuestro pavor sobre toda la tierra que hollaréis, como os ha dicho.

26 He aquí, pongo hoy delante de vosotros una bendición y una maldición;

27 Bendición, si obedecéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os ordeno hoy;

28 Y maldición, si no obedeciereis los mandamientos de Jehova vuestro Dios, y os apartareis del camino que yo os mando hoy, para ir en pos de dioses ajenos, que vosotros no conocisteis.

29 Y acontecerá que cuando Jehová tu Dios te hubiere introducido en la tierra adonde vas para poseerla, pondrás bendición sobre el monte Gerizim, y maldición sobre el monte Ebal.

30 ¿No están al otro lado del Jordán, junto al camino donde se pone el sol, en la tierra de los cananeos, que habitan en la campiña frente a Gilgal, junto a los campos de More?

31 Porque vosotros pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da, y la poseeréis, y habitaréis en ella.

32 Y cuidaréis de poner por obra todos los estatutos y decretos que os propongo hoy.  


CAPÍTULO 12

Prohibida la idolatría — Se debe guardar el lugar del servicio de Dios — Se prohíbe la sangre — No se debe desamparar al levita.

1 Estos son los estatutos y juicios que cuidaréis de hacer en la tierra que el Señor, el Dios de vuestros padres, os da en posesión, todos los días que vivís sobre la tierra.

2 Destruiréis por completo todos los lugares en que las naciones que vosotros tomaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso;

3 Y derribaréis sus altares, y quebraréis sus columnas, y quemaréis con fuego sus imágenes de Asera; y derribaréis las imágenes talladas de sus dioses, y raeréis los nombres de ellos de aquel lugar.

4 No haréis así al Señor vuestro Dios.

5 Mas el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre, hasta su habitación buscaréis, y allá llegaréis;

6 Y llevaréis allá vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y las ofrendas elevadas de vuestras manos, y vuestros votos, y vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestros rebaños;

7 Y allí comeréis delante de Jehová vuestro Dios, y os regocijaréis en todo aquello en que pusiereis vuestras manos, vosotros y vuestras casas, en lo cual Jehová vuestro Dios os hubiere bendecido.

8 No haréis como todas las cosas que hacemos aquí hoy, cada uno lo que bien le parezca.

9 Porque aún no habéis llegado al reposo ya la heredad que os da el Señor vuestro Dios.

10 Mas cuando paséis el Jordán, y habitéis en la tierra que Jehová vuestro Dios os da por heredad, y cuando os haga descansar de todos vuestros enemigos en derredor, y habitéis seguros;

11 Entonces habrá un lugar que el Señor tu Dios escogerá para hacer habitar allí su nombre; allá traeréis todo lo que yo os mando; vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestra mano, y todos vuestros votos escogidos que hacéis al Señor;

12 Y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios, vosotros, y vuestros hijos, y vuestras hijas, y vuestros siervos, y vuestras siervas, y el levita que está dentro de vuestras ciudades; por cuanto no tiene parte ni heredad con vosotros.

13 Cuídate de no ofrecer tus holocaustos en cualquier lugar que veas;

14 sino en el lugar que el Señor escogiere en una de vuestras tribus, allí ofreceréis vuestros holocaustos, y allí haréis todo lo que yo os mando.

15 Sin embargo, podrás matar y comer carne en todas tus ciudades, cualquiera que sea el deseo de tu alma, conforme a la bendición del Señor tu Dios que él te ha dado; el inmundo y el limpio comerán de ella, como de corzo y de ciervo.

16 Solamente que no comeréis la sangre; sobre la tierra la derramaréis como agua.

17 No comerás dentro de tus ciudades el diezmo de tu grano, ni de tu vino, ni de tu aceite, ni las primicias de tus vacas o de tus ovejas, ni ninguno de tus votos que prometiste, ni tus ofrendas voluntarias, ni ofrenda alzada de tu mano;

18 sino que los comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que Jehová tu Dios escogiere, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que está dentro de tus ciudades; y te regocijarás delante de Jehová tu Dios en todo aquello en lo que pondrás tus manos.

19 Cuídate de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra.

20 Cuando Jehová tu Dios ensanchare tu término, como te ha dicho, y dijeres: Comeré carne, porque tu alma anhela comer carne; puedes comer carne, todo lo que tu alma desea.

21 Si el lugar que Jehová tu Dios escogiere para poner allí su nombre estuviere muy lejos de ti, entonces matarás de tus vacas y de tus ovejas, que Jehová te ha dado, como te he mandado, y come en tus puertas todo lo que tu alma desea.

22 Como se come el corzo y el ciervo, así los comerás; el inmundo y el limpio comerán igualmente de ellos.

23 Solamente ten cuidado de no comer la sangre; porque la sangre es la vida; y no podrás comer la vida con la carne.

24 No lo comerás; sobre la tierra la derramarás como agua.

25 No lo comerás; para que te vaya bien a ti, y a tus hijos después de ti, cuando hagas lo recto ante los ojos del Señor.

26 Solamente tomarás tus cosas santas que tienes, y tus votos, e irás al lugar que el Señor escogiere;

27 Y ofrecerás tus holocaustos, la carne y la sangre, sobre el altar de Jehová tu Dios; y la sangre de tus sacrificios será derramada sobre el altar de Jehová tu Dios, y comerás la carne.

28 Guarda y oye todas estas palabras que te mando, para que te vaya bien

contigo y con tus hijos después de ti para siempre, cuando hicieres lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios.

29 Cuando el Señor tu Dios talará de delante de ti las naciones adonde vas para poseerlas, y tú las sucedes, y habitas en su tierra;

30 Cuídate de que no caigas en la trampa de seguirlos, después de que sean destruidos delante de ti; y que no preguntes por sus dioses, diciendo: ¿Cómo sirvieron estas naciones a sus dioses? aun así yo haré lo mismo.

31 No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, han hecho ellos a sus dioses; porque aun a sus hijos y a sus hijas han quemado en el fuego a sus dioses.

32 Cualquier cosa que yo te mande, cuida de hacerla; no le añadirás ni disminuirás.  


CAPÍTULO 13

Prohibida la idolatría.  

1 Si se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te diere señal o prodigio,

2 Y se cumpliere la señal o prodigio que él te habló, diciendo: Vayamos en pos de dioses ajenos, que tú no has conocido, y sirvámosles;

3 No darás oído a las palabras de tal profeta, o de ese soñador de sueños; porque el Señor vuestro Dios os prueba, para saber si amáis al Señor vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.

4 En pos de Jehová vuestro Dios andaréis, y le temeréis, y guardaréis sus mandamientos, y obedeceréis su voz, y le serviréis, y le seguiréis.

5 Y ese profeta, o ese soñador de sueños, será muerto; porque ha hablado para apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, y te redimió de casa de servidumbre, para apartarte del camino en que Jehová tu Dios te mandó andar adentro. Así quitarás el mal de en medio de ti.

6 Si tu hermano, el hijo de tu madre, o tu hijo, o tu hija, o la mujer de tu seno, o tu amigo, que es como tu propia alma, te engaña en secreto, diciendo: Vayamos y sirvamos a dioses ajenos , que no conociste, ni tú, ni tus padres;

7 Es decir, de los dioses de los pueblos que están alrededor de ti, cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo de la tierra;

8 No le consentirás, ni le escucharás; ni tu ojo lo compadecerá, ni lo perdonarás, ni lo encubrirás;

9 Pero tú ciertamente lo matarás; tu mano será primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo.

10 Y lo apedrearás con piedras, y morirá; porque procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

11 Y todo Israel oirá, y temerá, y no hará más entre vosotros iniquidad como ésta.

12 Si oyeres decir en alguna de tus ciudades, que Jehová tu Dios te ha dado para que habites en ella, diciendo:

13 Ciertos hombres, los hijos de Belial, han salido de en medio de vosotros, y han retirado a los moradores de su ciudad, diciendo: Vayamos y sirvamos a dioses ajenos, que vosotros no habéis conocido;

14 Entonces inquirirás, y buscarás, y preguntarás con diligencia; y he aquí, si es verdad, y cosa cierta, que tal abominación se ha hecho entre vosotros;

15 Ciertamente herirás a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, destruyéndola por completo, con todo lo que en ella hay, y su ganado, a filo de espada.

16 Y juntarás todo su despojo en medio de su plaza, y prenderás fuego a la ciudad, y todo su despojo todo, para el Señor tu Dios; y será un montón para siempre; no se volverá a construir.

17 Y nada del anatema quedará en tu mano; para que Jehová se aparte del furor de su ira, y os muestre misericordia, y tenga compasión de vosotros, y os multiplique, como lo juró a vuestros padres;

18 Cuando obedecieres la voz de Jehová tu Dios, para guardar todos sus mandamientos que yo te mando hoy, para hacer lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios.  


CAPÍTULO 14

Restricciones en el duelo — Lo que se puede y lo que no se puede comer — De los diezmos.

1 Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os haréis cortes, ni os haréis calvas entre los ojos por los muertos.

2 Porque tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios, y el Señor te ha escogido para serle un pueblo propio de entre todas las naciones que están sobre la tierra.

3 No comerás cosa abominable.

4 Estos son los animales que comeréis; el buey, la oveja y la cabra,

5 El ciervo, el corzo, el gamo, la cabra montés, el pigargo, el toro salvaje y la gamuza.

6 Y todo animal que tiene pezuña hendida, y hendidura en dos garras, y rumia entre los animales, eso comeréis.

7 Sin embargo, estos no comeréis, de los que rumian, o de los que tienen pezuña dividida; como el camello, la liebre y el conejo; porque rumian, pero no tienen pezuña dividida; por tanto, los tendréis por inmundos.

8 Y el cerdo, porque tiene pezuña dividida y no rumia, lo tendréis por inmundo; no comeréis de su carne, ni tocaréis sus cadáveres.

9 Estos comeréis de todo lo que está en las aguas; todo lo que tiene aletas y escamas comeréis;

10 Y todo lo que no tuviere aletas y escamas, no comeréis; es inmundo para vosotros.

11 De todas las aves limpias comeréis.

12 Mas éstas son aquellas de las cuales no comeréis; el águila, el osífrago y el águila pescadora.

13 Y la cañada, el milano y el buitre según su especie,

14 y todo cuervo según su especie,

15 la lechuza, el halcón nocturno, el cuco y el gavilán según su especie,

16 la lechuza, la lechuza y el cisne,

17 y el pelícano, y el águila real, y el cormorán,

18 y la cigüeña, la garza según su especie, la avefría y el murciélago.

19 Y todo reptil que vuela os será inmundo; no se comerán.

20 Mas de todas las aves limpias podréis comer.

21 No comeréis nada que muera por sí mismo; al forastero que está en tus puertas no la darás para que la coma; o no podrás venderlo a un extranjero; porque eres un pueblo santo para el Señor tu Dios. No cocerás al cabrito en la leche de su madre.

22 A la verdad diezmarás todo el producto de tu simiente, que el campo produzca año tras año.

23 Y comerás delante de Jehová tu Dios, en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino, y de tu aceite, y las primicias de tus vacas y de tus ovejas; para que aprendas a temer al Señor tu Dios siempre.

24 Y si el camino te fuere tan largo que no puedas llevarlo; ó si estuviere muy lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner allí su nombre, cuando Jehová tu Dios te hubiere bendecido;

25 Entonces lo convertirás en dinero, y atarás el dinero en tu mano, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;

26 Y darás ese dinero por cualquier cosa que tu alma desee, por bueyes, por ovejas, por vino, por licor, o por cualquier cosa que tu alma desee; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa,

27 y el levita que está dentro de tus puertas; no lo desampararás; porque él no tiene parte ni heredad contigo.

28 Al cabo de tres años sacarás todos los diezmos de tus frutos del mismo año, y los guardarás dentro de tus puertas;

29 Y el levita, por cuanto no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que están dentro de tus ciudades, vendrán, y comerán, y se saciarán; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos que hicieres.  


CAPÍTULO 15

El año de la liberación: los varones primogénitos para ser santificados.

1 Al final de cada siete años harás una liberación.

2 Y esta es la manera de la liberación; todo acreedor que presta algo a su prójimo, lo liberará; no la exigirá de su prójimo, ni de su hermano; porque se llama la liberación del Señor.

3 Del extranjero podrás exigirlo de nuevo; mas lo que tuviere con tu hermano, tu mano lo soltará;

4 salvo cuando no haya pobres entre vosotros; porque Jehová te bendecirá mucho en la tierra que Jehová tu Dios te da en heredad para que la poseas;

5 solamente si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para cuidar de poner por obra todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy.

6 Porque el Señor tu Dios te bendiga, como te lo prometió; y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás prestado; y tú reinarás sobre muchas naciones, pero ellas no reinarán sobre ti.

7 Si hubiere en ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre;

8 sino que abrirás tu mano hacia él, y ciertamente le prestarás lo suficiente para su necesidad, en lo que necesite.

9 Guárdate que no haya en tu corazón perverso un pensamiento que diga: El año séptimo, el año de la remisión, está cerca; y tu ojo sea malo contra tu hermano pobre, y no le des nada; y él clama al Señor contra ti, y te sea pecado.

10 Ciertamente le darás, y tu corazón no se entristecerá cuando le des; porque por esto te bendecirá Jehová tu Dios en todas tus obras, y en todo aquello en que pusieres tu mano.

11 Porque los pobres nunca cesarán de la tierra; por tanto yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, a tus pobres y a tus necesitados en tu tierra.

12 Y si tu hermano, hebreo o hebrea, fuere vendido a ti, y te sirviere seis años; luego al séptimo año lo dejarás libre de ti.

13 Y cuando lo despidieres libre de ti, no lo dejarás ir con las manos vacías;

14 Le darás abundantemente de tus ovejas, de tu era y de tu lagar; de lo que con el Señor tu Dios te ha bendecido, le darás.

15 Y te acordarás que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió; por tanto, yo te mando esto hoy.

16 Y será que si él te dijere: No me iré de ti, porque te ama a ti ya tu casa, porque está bien contigo;

17 Entonces tomarás una lena y le atravesarás la oreja hasta la puerta, y será tu siervo para siempre. Y también con tu sierva harás lo mismo.

18 No te parecerá difícil cuando lo despidas libre de ti; porque te ha valido como doble jornalero, sirviéndote seis años; y el Señor tu Dios te bendecirá en todo lo que hagas.

19 Todos los primogénitos machos que nazcan de tus vacas y de tus ovejas los santificarás a Jehová tu Dios; No harás ningún trabajo con el primogénito de tu buey, ni trasquilarás el primogénito de tus ovejas.

20 Delante de Jehová tu Dios lo comerás cada año en el lugar que Jehová escogiere, tú y tu casa.

21 Y si hubiere en él cualquier defecto, como si fuera cojo, o ciego, o tuviera cualquier defecto, no lo sacrificarás al Señor tu Dios.

22 Lo comerás dentro de tus puertas; el inmundo y el limpio la comerán igualmente, como el corzo y como el ciervo.

23 Sólo que no comerás su sangre; sobre la tierra la derramarás como agua.  


CAPÍTULO 16

De fiestas - Todo varón debe ofrecer - De jueces y justicia - Arboledas e imágenes prohibidas.

1 Observad el mes de Abib, y haced la pascua a Jehová vuestro Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto de noche.

2 Sacrificarás, pues, la pascua a Jehová tu Dios, de ovejas y de vacas, en el lugar que Jehová escogiere para poner allí su nombre.

3 No comerás con ella pan leudado; siete días comerás con ella panes sin levadura, pan de aflicción; porque aprisa saliste de la tierra de Egipto; para que te acuerdes del día en que saliste de la tierra de Egipto todos los días de tu vida.

4 Y no se verá contigo pan leudado en todo tu territorio por siete días; ni nada de la carne que sacrificaste el primer día por la tarde quedará toda la noche hasta la mañana.

5 No podrás sacrificar la pascua en ninguna de tus ciudades, que el Señor tu Dios te da;

6 Sino que en el lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar su nombre, allí sacrificarás la pascua por la tarde, al ponerse el sol, en el tiempo en que saliste de Egipto.

7 Y la asarás y la comerás en el lugar que Jehová tu Dios escogiere; y te volverás por la mañana, e irás a tus tiendas.

8 Seis días comerás panes sin levadura; y el séptimo día habrá asamblea solemne al Señor tu Dios; no harás ningún trabajo en él.

9 Siete semanas te contarás; comienza a contar las siete semanas desde el momento en que comienzas a poner la hoz en el grano.

10 Y celebrarás la fiesta solemne de las semanas a Jehová tu Dios con el tributo de la ofrenda voluntaria de tu mano, la cual darás a Jehová tu Dios, según te haya bendecido Jehová tu Dios;

11 Y te regocijarás delante de Jehová tu Dios, tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita que está dentro de tus ciudades, y el extranjero, y el huérfano, y la viuda, que están entre vosotros, en el lugar que Jehová vuestro Dios ha escogido para hacer habitar allí su nombre.

12 Y te acordarás que fuiste siervo en Egipto; y guardarás y cumplirás estos estatutos.

13 Guardarás la fiesta de los tabernáculos siete días, después que hayas recogido tu grano y tu mosto;

14 Y te alegrarás en tu banquete tú, y tu hijo, y tu hija, y tu siervo, y tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que están dentro de tus ciudades.

15 Siete días harás fiesta solemne a Jehová tu Dios en el lugar que Jehová escogiere; porque te habrá bendecido Jehová tu Dios en todos tus frutos, y en todas las obras de tus manos, por tanto, ciertamente te regocijarás.

16 Tres veces en el año se presentará todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere; en la fiesta de los panes sin levadura, y en la fiesta de las semanas, y en la fiesta de los tabernáculos; y no aparecerán delante del Señor vacíos;

17 Cada uno dará lo que pueda, conforme a la bendición de Jehová tu Dios que él te haya dado.

18 Jueces y oficiales te pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te da, en todas tus tribus; y juzgarán al pueblo con juicio justo.

19 No torcerás el juicio; no harás acepción de personas, ni aceptarás regalos; porque la dádiva ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.

20 Lo que es completamente justo seguirás, para que vivas y heredes la tierra que el Señor tu Dios te da.

21 No plantarás para ti bosquecillo de ningún árbol cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú harás.

22 Ni te levantarás imagen tallada; que aborrece Jehová tu Dios.  


CAPÍTULO 17

Las cosas sacrificadas deben ser sanas — Los idólatras deben ser asesinados — Las controversias difíciles deben ser resueltas por los sacerdotes y jueces — La elección y el deber de un rey.

1 No sacrificarás al Señor tu Dios ningún becerro u oveja en el que haya defecto o alguna maldad; porque eso es abominación a Jehová tu Dios.

2 Si se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer, que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios, quebrantando su pacto,

3 Y fue y sirvió a dioses ajenos, y los adoró, sea al sol, sea a la luna, sea a cualquiera del ejército de los cielos, lo cual yo no he mandado;

4 Y te sea dicho, y tú lo hayas oído, y lo hayas investigado diligentemente, y he aquí, es verdad, y la cosa cierta, que tal abominación se comete en Israel;

5 Entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que haya cometido el mal, al hombre o a la mujer, y los apedrearás hasta que mueran,

6 Por boca de dos testigos, o de tres testigos, se dará muerte al que fuere digno de muerte; pero por boca de un testigo no se le dará muerte.

7 Las manos de los testigos caerán primero sobre él para darle muerte, y después las manos de todo el pueblo. Así quitarás el mal de en medio de ti.

8 Si en el juicio te surgiere asunto que fuere demasiado duro para ti, entre sangre y sangre, entre alegato y alegato, y entre llaga y llaga, siendo litigio dentro de tus ciudades; entonces te levantarás y subirás al lugar que Jehová tu Dios escogiere.

9 Y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y preguntarás; y ellos te mostrarán la sentencia del juicio;

10 Y harás conforme a la sentencia que te mostraren los del lugar que Jehová escogiere; y cuidarás de hacer conforme a todo lo que te informen;

11 Conforme a la sentencia de la ley que ellos te enseñen, y conforme al juicio que ellos te digan, harás; no te desviarás de la sentencia que te mostrarán, ni a la derecha ni a la izquierda.

12 Y el hombre que obrare con soberbia, y no escuchare al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, ese hombre morirá; y quitarás el mal de Israel.

13 Y todo el pueblo oirá, y temerá, y no se envanecerá más.

14 Cuando entres en la tierra que Jehová tu Dios te da, y la poseieres, y habitares en ella, y dijeres: Pondré rey sobre mí, como todas las naciones que están alrededor de mí;

15 De ninguna manera pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; a uno de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; No podrás poner sobre ti a un extraño que no sea tu hermano.

16 Pero no aumentará para sí los caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto, con el fin de multiplicar los caballos; porque el Señor os ha dicho: No volveréis más por ese camino.

17 Ni se multiplicará las mujeres para sí, para que no se desvíe su corazón; ni se multiplicará mucho la plata y el oro.

18 Y sucederá que cuando se siente sobre el trono de su reino, escribirá para sí una copia de esta ley en un libro de lo que está delante de los sacerdotes los levitas;

19 Y estará con él, y leerá en él todos los días de su vida; para que aprenda a temer a Jehová su Dios, a guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra;

20 para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento ni a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.  


CAPÍTULO 18

El Señor es la herencia de los sacerdotes y de los levitas — Se deben evitar las abominaciones de las naciones — Se debe escuchar a Cristo el Profeta — El profeta presuntuoso debe morir.

1 Los sacerdotes levitas y toda la tribu de Leví no tendrán parte ni heredad con Israel; comerán de las ofrendas encendidas de Jehová, y de su heredad.

2 Por tanto, no tendrán heredad entre sus hermanos; el Señor es su heredad, como él les ha dicho.

3 Y este será el derecho del sacerdote de parte del pueblo, de los que ofrecieren en sacrificio buey u cordero; y darán al sacerdote la espaldilla, y las dos quijadas, y la boca.

4 También le darás las primicias de tu grano, de tu mosto y de tu aceite, y las primicias de la lana de tus ovejas.

5 Porque el Señor tu Dios lo ha escogido de entre todas tus tribus, para que esté en pie para ministrar en el nombre del Señor, él y sus hijos para siempre.

6 Y si un levita viniere de alguna de tus ciudades, de todo Israel, donde hubiere peregrinado, y viniere con todo el deseo de su mente al lugar que Jehová escogiere;

7 Entonces ministrará en el nombre de Jehová su Dios, como hacen todos sus hermanos los levitas que están allí delante de Jehová.

8 Como porciones tendrán para comer, además de lo que resulte de la venta de su patrimonio.

9 Cuando entres en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.

10 No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, o que practique adivinación, o observador de tiempos, o adivino, o hechicero,

11 O un encantador, o un consultor con espíritus familiares, o un mago, o un nigromante.

12 Porque abominación es al Señor todo el que hace estas cosas; y por estas abominaciones Jehová tu Dios las echó de delante de ti.

13 Serás perfecto con el Señor tu Dios.

14 Porque estas naciones, que tú poseerás, escucharon a los observadores de los tiempos y a los adivinos; pero en cuanto a ti, el Señor tu Dios no te ha permitido hacer eso.

15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

16 Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. .

17 Y me dijo el Señor: Bien han dicho lo que han dicho.

18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú, y pondré mis palabras en su boca; y él les hablará todo lo que yo le mande.

19 Y acontecerá que cualquiera que no escuche mis palabras que hablará en mi nombre, yo se lo demandaré.

20 Mas el profeta que se atreviere a hablar en mi nombre una palabra que yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.

21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?

22 Cuando un profeta hablare en el nombre del Señor, si la cosa no se cumple, ni acontece, es palabra que el Señor no ha dicho, pero el profeta lo ha dicho con presunción; no tendrás miedo de él.  


CAPÍTULO 19

Las ciudades de refugio — El mojón que no debe ser removido — Dos testigos por lo menos — El castigo de un testigo falso.

1 Cuando Jehová tu Dios hubiere destruido las naciones cuya tierra Jehová tu Dios te da, y tú las heredases, y habitares en sus ciudades y en sus casas;

2 Te apartarás tres ciudades en medio de tu tierra, que Jehová tu Dios te da en posesión.

3 Prepararás el camino, y dividirás los términos de tu tierra, que Jehová tu Dios te da en heredad, en tres partes, para que huya allá todo homicida.

4 Y este es el caso del homicida, que huirá allá para vivir: El que mata a su prójimo por ignorancia, a quien no aborreció en otro tiempo;

5 Como cuando un hombre entra en el bosque con su prójimo para cortar leña, y su mano recibe un golpe de hacha para cortar el árbol, y la cabeza se resbala del mango, y cae sobre su prójimo, y muere; huirá a una de aquellas ciudades, y vivirá;

6 No sea que el vengador de la sangre persiga al homicida, cuando su corazón está ardiente, y lo alcance, porque el camino es largo, y lo mate; mientras que él no era digno de la muerte ya que no lo odió en el pasado.

7 Por tanto, yo te mando, diciendo: Separarás tres ciudades para ti.

8 Y si Jehová tu Dios ensanchare tu territorio, como lo juró a tus padres, y te diere toda la tierra que prometió dar a tus padres;

9 Si guardares todos estos mandamientos para ponerlos por obra, que yo te mando hoy, para amar al Señor tu Dios, y andar siempre en sus caminos; entonces añadirás tres ciudades más para ti, además de estas tres;

10 para que sangre inocente no sea derramada en tu tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad, y así la sangre sea sobre ti.

11 Pero si alguno aborrece a su prójimo, y lo acecha, y se levanta contra él, y lo hiere de muerte, y muere, y huye a una de estas ciudades;

12 Entonces los ancianos de su ciudad enviarán, y lo traerán de allí, y lo entregarán en manos del vengador de la sangre, para que muera.

13 Tu ojo no tendrá piedad de él, sino que quitarás de Israel la culpa de la sangre inocente, para que te vaya bien.

14 El lindero de tu prójimo no quitarás, el cual pusieron desde antiguo en tu heredad, la cual heredarás en la tierra que Jehová tu Dios te da en posesión.

15 No se levantará un solo testigo contra un hombre por cualquier iniquidad, o por cualquier pecado, en cualquier pecado que cometa; por boca de dos testigos, o por boca de tres testigos, se declarará el asunto.

16 Si se levantare contra alguno un testigo falso para declarar contra él lo que es injusto;

17 Entonces los dos varones entre quienes hay pleito, estarán delante de Jehová, delante de los sacerdotes y de los jueces, que hubiere en aquellos días;

18 Y los jueces harán diligente inquisición; y he aquí, si el testigo fuere falso, y hubiere testificado falsamente contra su hermano;

19 Entonces haréis con él como él había pensado hacer con su hermano; así quitarás el mal de en medio de ti.

20 Y los que queden oirán, y temerán, y ya no volverán a cometer semejante maldad entre vosotros.

21 Y tu ojo no tendrá piedad; pero vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.  


CAPÍTULO 20

Exhortación a la batalla - Quienes deben ser despedidos de la guerra - La proclamación de la paz - Los árboles de la carne del hombre no deben ser destruidos.

1 Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y veas caballos y carros, y un pueblo más numeroso que tú, no les tengas miedo; porque contigo está Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto.

2 Y sucederá que cuando os acerquéis a la batalla, el sacerdote se acercará y hablará al pueblo,

3 y les dirá: Oye, Israel, hoy os acercáis a la batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, y no tembléis, ni os aterroricéis a causa de ellos;

4 Porque Jehová vuestro Dios es el que va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.

5 Y los alguaciles hablarán al pueblo, diciendo: ¿Qué hombre hay que haya edificado casa nueva, y no la haya dedicado? vaya y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y otro la dedique.

6 ¿Y qué hombre es el que ha plantado una viña, y aún no ha comido de ella? vaya también él y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y otro coma de ella.

7 ¿Y qué hombre hay que se haya desposado con mujer, y no la haya tomado? vaya y vuélvase a su casa, no sea que muera en la batalla, y otro la tome.

8 Y los alguaciles hablarán más al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre temeroso y pusilánime? vaya y vuélvase a su casa, para que el corazón de sus hermanos no desmaye como el suyo.

9 Y sucederá que cuando los oficiales hayan terminado de hablar al pueblo, harán capitanes de los ejércitos para guiar al pueblo.

10 Cuando te acerques a una ciudad para pelear contra ella, entonces proclamale la paz.

11 Y acontecerá que si te responde de paz, y te abre, entonces será que todo el pueblo que se halle en él te será tributario, y te servirá.

12 Y si no hiciere paz contigo, sino que hiciere guerra contra ti, la sitiarás;

13 Y cuando el Señor tu Dios la haya entregado en tus manos, herirás a todo varón en ella a filo de espada;

14 Pero las mujeres y los niños, y el ganado, y todo lo que hay en la ciudad, y todos sus despojos, te los tomarás; y comerás del botín de tus enemigos, que Jehová tu Dios te ha dado.

15 Así harás con todas las ciudades que están muy lejos de ti, que no son de las ciudades de estas naciones.

16 Mas de las ciudades de este pueblo que Jehová tu Dios te da por heredad, nada que respires darás vida;

17 Mas tú los destruirás por completo; a saber, los heteos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos; como Jehová tu Dios te ha mandado;

18 para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones, que ellos han hecho a sus dioses; así pecaréis contra el Señor vuestro Dios.

19 Cuando sitiares una ciudad por mucho tiempo, haciendo guerra contra ella para tomarla, no destruirás sus árboles clavándoles hacha; porque de ellos podrás comer, y no los talarás (porque el árbol del campo es la vida del hombre) para emplearlos en el asedio;

20 Solamente los árboles que sepas que no son árboles para comer, los destruirás y los cortarás; y edificarás baluartes contra la ciudad que pelea contigo, hasta que sea subyugada.  


CAPÍTULO 21

De asesinato incierto - Cautivo tomado por esposa - El primogénito que no debe ser desheredado - De un hijo terco - El malhechor.

1 Si en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas, fuere hallado alguno muerto, tirado en el campo, y no se supiere quién lo mató;

2 Entonces saldrán tus ancianos y tus jueces, y medirán las ciudades que están alrededor del muerto;

3 Y acontecerá que de la ciudad que está al lado del muerto, los ancianos de esa ciudad tomarán una becerra que no haya sido trabajada con ella, y que no haya sido tirada en el yugo;

4 Y los ancianos de aquella ciudad harán descender la vaca a un valle áspero, que no haya sido espigado ni sembrado, y cortarán el cuello de la vaca allí en el valle.

5 Y se acercarán los sacerdotes hijos de Leví; porque a ellos ha escogido Jehová tu Dios para ministrarle, y para bendecirles en el nombre de Jehová; y por su palabra será juzgada toda controversia y todo golpe;

6 Y todos los ancianos de esa ciudad, que están después del muerto, se lavarán las manos sobre la vaca decapitada en el valle;

7 Y ellos responderán y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos la han visto.

8 Ten misericordia, oh Señor, de tu pueblo Israel, a quien has redimido, y no pongas sangre inocente en la carga de tu pueblo de Israel. Y la sangre les será perdonada.

9 Así quitarás de en medio de ti la culpa de la sangre inocente, cuando hicieres lo recto ante los ojos del Señor.

10 Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los hubiere entregado en tus manos, y los hubieres tomado cautivos,

11 Y ves entre los cautivos una mujer hermosa, y la deseas, y la quieres por mujer;

12 Entonces la llevarás a tu casa; y se rapará la cabeza, y se cortará las uñas;

13 Y se quitará las ropas de su cautiverio, y se quedará en tu casa, y llorará a su padre ya su madre un mes completo; y después te llegarás a ella, y serás su marido, y ella será tu mujer.

14 Y acontecerá que si no te deleitas en ella, la dejarás ir a donde ella quiera; pero no la venderás por dinero, no harás mercadería de ella, porque la has humillado.

15 Si un hombre tuviere dos mujeres, una amada y otra aborrecida, y ellas le dieren hijos, tanto la amada como la aborrecida; y si el hijo primogénito es de la que fue aborrecida;

16 Entonces sucederá que cuando haga heredar a sus hijos lo que tiene, no podrá hacer primogénito al hijo de la amada antes que al hijo de la aborrecida, que es a la verdad el primogénito;

17 Mas reconocerá al hijo de la aborrecida por el primogénito, dándole doble parte de todo lo que tiene; porque él es el principio de su fuerza; el derecho del primogénito es suyo.

18 Si alguno tuviere un hijo terco y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre, ni a la voz de su madre, y que habiéndole castigado, no les obedeciere;

19 Entonces su padre y su madre le echarán mano, y le sacarán a los ancianos de su ciudad, ya la puerta de su lugar;

20 Y dirán a los ancianos de su ciudad: Este nuestro hijo es terco y rebelde, no obedece a nuestra voz; es un glotón y un borracho.

21 Y todos los hombres de su ciudad lo apedrearán con piedras, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti; y todo Israel oirá, y temerá.

22 Y si alguno hubiere cometido pecado digno de muerte, y se le ha de dar muerte, y lo cuelgáis de un madero;

23 Su cuerpo no permanecerá toda la noche sobre el madero, pero tú lo enterrarás de cualquier manera ese día; (porque anatema es de Dios el que es colgado;) para que no sea profanada tu tierra, la cual Jehová tu Dios te da por heredad.  


CAPÍTULO 22

De humanidad hacia los hermanos — El sexo debe distinguirse por el vestido — Debe evitarse la confusión — El castigo del que calumnia a su mujer — Del adulterio, de la violación, de la fornicación — Incesto.

1 No verás extraviarse el buey de tu hermano ni su oveja, y te esconderás de ellos; en cualquier caso, los devolverás a tu hermano.

2 Y si tu hermano no es cercano a ti, o si no lo conoces, entonces lo traerás a tu casa, y estará contigo hasta que tu hermano lo busque, y tú se lo devolverás.

3 Lo mismo harás con su asno; y así harás con su vestidura; y con todo lo perdido de tu hermano, que él hubiere perdido, y tú hallares, harás lo mismo; no puedes esconderte.

4 No verás caer el asno de tu hermano ni su buey en el camino, y te esconderás de ellos; ciertamente lo ayudarás a levantarlos de nuevo.

5 La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios todo lo que hace.

6 Si un nido de ave está delante de ti en el camino en cualquier árbol o en la tierra, ya sean crías o huevos, y la madre se sienta sobre las crías o sobre los huevos, no tomarás la madre. con los jóvenes;

7 Pero de todos modos dejarás ir la madre, y tomarás las crías para ti; para que te vaya bien, y prolongues tus días.

8 Cuando edifiques casa nueva, harás almena a tu terrado, para que no derrames sangre sobre tu casa, si alguno cayere de allí.

9 No sembrarás tu viña con diversas semillas; no sea que se contamine el fruto de tu simiente que tú sembraste, y el fruto de tu viña.

10 No ararás con buey y asno juntos.

11 No te vestirás de ropa diversa, como de lana y lino juntas.

12 Te harás flecos en las cuatro partes de tu ropa con que te cubres.

13 Si alguno toma mujer, y se llega a ella, y la aborrece,

14 Y darán ocasiones de hablar contra ella, y levantarán un mal nombre sobre ella, y dirán: Yo tomé a esta mujer, y cuando llegué a ella, no la encontré sierva;

15 Entonces el padre de la doncella y su madre tomarán y sacarán las señales de la virginidad de la doncella a los ancianos de la ciudad en la puerta;

16 Y el padre de la doncella dirá a los ancianos: Yo di mi hija a este hombre por mujer, y él la aborrece;

17 Y he aquí, él ha dado ocasión de hablar contra ella, diciendo: No he hallado sierva a tu hija; y, sin embargo, estas son las señales de la virginidad de mi hija. Y extenderán la sábana delante de los ancianos de la ciudad.

18 Y los ancianos de esa ciudad tomarán a ese hombre y lo castigarán;

19 Y le darán misericordia en cien siclos de plataa, y se los darán al padre de la moza, por cuanto ha levantado mal nombre sobre una virgen de Israel; y ella será su mujer; no podrá repudiarla en todos sus días.

20 Mas si esto fuere cierto, y no se hallaren muestras de virginidad para la doncella;

21 Entonces sacarán a la moza a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán con piedras, y morirá; porque ha hecho necedad en Israel fornicando en casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti.

22 Si se encuentra a un hombre acostado con una mujer casada con un marido, ambos morirán, tanto el hombre que se acostó con la mujer como la mujer; así quitarás el mal de Israel.

23 Si una doncella virgen está desposada con un marido, y un hombre la encuentra en la ciudad y se acuesta con ella;

24 Entonces los sacaréis a ambos a la puerta de aquella ciudad, y los apedrearéis con piedras, y morirán; la doncella, porque no lloró estando en la ciudad; y el hombre, por cuanto ha humillado a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.

25 Mas si alguno hallare en el campo una doncella desposada, y el hombre la forzare, y se acostare con ella; entonces morirá solamente el varón que se acostó con ella;

26 Mas a la doncella no harás nada; no hay en la doncella pecado digno de muerte; porque como cuando un hombre se levanta contra su prójimo y lo mata, así es este asunto;

27 Porque la encontró en el campo, y la doncella desposada lloró, y no hubo quien la salvara.

28 Si alguno encuentra una doncella virgen que no esté desposada, y la abraza, y se acuesta con ella, y son hallados;

29 Entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la moza cincuenta siclos de plata, y ella será su mujer; por cuanto la ha humillado, no podrá repudiarla en todos sus días.

30 Ninguno tomará la mujer de su padre, ni descubrirá la falda de su padre.  


CAPÍTULO 23

Prohibiciones varias. 

1 El que fuere herido en las piedras, o al que le cortaron su miembro privado, no entrará en la congregación del Señor.

2 No entrará bastardo en la congregación de Jehová; aun hasta la décima generación no entrará en la congregación del Señor.

3 No entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová; aun hasta la décima generación no entrarán en la congregación del Señor para siempre;

4 Por cuanto no os recibieron con pan ni con agua en el camino, cuando salisteis de Egipto; y porque contrataron contra ti a Balaam hijo de Beor de Petor de Mesopotamia, para maldecirte.

5 Sin embargo, el Señor tu Dios no escuchó a Balaam; mas Jehová tu Dios te cambió la maldición en bendición, porque Jehová tu Dios te amaba.

6 No buscarás su paz ni su prosperidad todos tus días para siempre.

7 No abominarás al edomita; porque él es tu hermano; no abominarás al egipcio; porque forastero fuiste en su tierra.

8 Los hijos que nazcan de ellos entrarán en la congregación del Señor en su tercera generación.

9 Cuando el ejército salga contra tus enemigos, entonces guárdate de toda cosa mala.

10 Si hubiere entre vosotros alguno que no estuviere limpio a causa de la inmundicia que le aconteciere de noche, saldrá fuera del campamento, no entrará en el campamento;

11 Mas acontecerá que al caer la tarde se lavará con agua; y cuando se ponga el sol, volverá al campamento.

12 Fuera del campamento tendrás también un lugar por donde saldrás;

13 Y tendrás un remo sobre tu arma, y será, cuando te relajes, cavarás con ella, y volverás y cubrirás lo que viene de ti;

14 Porque Jehová tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte, y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento será santo; que no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de ti.

15 No entregarás a su señor el siervo que se hubiere escapado de su señor a ti;

16 Habitará contigo, entre vosotros, en el lugar que él escogiere en una de tus puertas, donde más le agradare; no lo oprimirás.

17 No habrá ramera de las hijas de Israel, ni sodomita de los hijos de Israel.

18 No traerás el precio de una ramera, ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque ambas cosas son abominación a Jehová tu Dios.

19 No prestarás con usura a tu hermano; usura de dinero, usura de víveres, usura de cualquier cosa que se preste a usura;

20 A un extraño puedes prestar con usura; mas a tu hermano no prestarás con usura; para que te bendiga Jehová tu Dios en todo lo que pusieres tu mano en la tierra adonde vas para poseerla.

21 Cuando hicieres voto á Jehová tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque Jehová tu Dios ciertamente lo demandará de ti; y sería pecado en ti.

22 Mas si dejares de hacer voto, no será en ti pecado.

23 Lo que haya salido de tus labios lo guardarás y lo cumplirás; sí, como ofrenda voluntaria, según lo que prometiste a Jehová tu Dios, lo que prometiste con tu boca.

24 Cuando entres en la viña de tu prójimo, entonces podrás comer las uvas hasta saciarte a tu gusto; mas no pondrás nada en tu vasija.

25 Cuando entres en la mies de tu prójimo, entonces podrás arrancar las espigas con tu mano; mas no moverás la hoz a la mies de tu prójimo.  


CAPÍTULO 24

Del divorcio, de las prendas, de los ladrones de hombres, de la lepra, de la justicia y de la caridad.

1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, y aconteciere que ella no hallare gracia en sus ojos, por haber hallado en ella alguna inmundicia; entonces que le escriba carta de divorcio, y se la entregue en su mano, y la despida de su casa.

2 Y cuando ella se haya ido de su casa, ella puede ir y ser la esposa de otro hombre.

3 Y si la aborreciere este último, y le escribiere carta de divorcio, y se la diere en su mano, y la despidiere de su casa; o si muere el último marido que la tomó por mujer;

4 Su primer marido, que la despidió, no podrá volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; porque eso es abominación delante del Señor; y no harás pecar la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

5 Cuando alguno hubiere tomado nueva mujer, no saldrá á la guerra, ni se le imputará negocio alguno; pero estará libre en su casa por un año, y alegrará a la mujer que ha tomado.

6 Nadie tomará en prenda la piedra inferior o superior del molino; porque él toma la vida de un hombre en prenda.

7 Si alguno fuere hallado robando a alguno de sus hermanos de los hijos de Israel, y traficare con él, o lo vendiere; entonces ese ladrón morirá; y quitarás el mal de en medio de ti.

8 Cuídate de la plaga de la lepra, para que observes diligentemente y hagas conforme a todo lo que te enseñen los sacerdotes levitas; como les mandé, así cuidaréis de hacer.

9 Acordaos de lo que hizo Jehová vuestro Dios con Miriam en el camino, después que salisteis de Egipto.

10 Cuando prestares algo a tu hermano, no entrarás en su casa para tomar su prenda.

11 Te pararás fuera, y el hombre a quien hubieres prestado te sacará la prenda fuera.

12 Y si el hombre fuere pobre, no dormirás con su prenda;

13 En todo caso, le devolverás la prenda cuando se ponga el sol, para que duerma con su ropa y te bendiga; y te será justicia delante de Jehová tu Dios.

14 No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, sea de tus hermanos, sea de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades;

15 En su día le darás su salario, y no se pondrá el sol sobre él; porque es pobre, y en ello pone su corazón; no sea que clame contra ti al Señor, y sea pecado en ti.

16 No se dará muerte a los padres por los hijos, ni se dará muerte a los hijos por los padres; cada uno será condenado a muerte por su propio pecado.

17 No pervertirás el juicio del extranjero, ni del huérfano; ni tomes en prenda la ropa de una viuda;

18 Pero acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y que Jehová tu Dios te redimió de allí; por tanto te mando que hagas esto.

19 Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás a recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda la obra de tus manos.

20 Cuando tritures tu olivo, no volverás a pasar las ramas; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.

21 Cuando recojas las uvas de tu viña, no las recogerás después; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda.

22 Y te acordarás que fuiste siervo en la tierra de Egipto; por tanto te mando que hagas esto.  


CAPÍTULO 25

Los azotes no deben exceder de cuarenta — El buey no debe tener bozal — De llevar descendencia a un hermano — La mujer inmodesta — Pesas injustas — La memoria de Amalec debe ser borrada.

1 Si hubiere pleito entre los hombres, y vinieren á juicio, para que los juzguen los jueces; entonces justificarán a los justos y condenarán a los impíos.

2 Y acontecerá que si el impío es digno de ser azotado, el juez le hará acostarse y será azotado delante de su rostro, según su falta, por cierto número.

3 Cuarenta azotes le dará, y no pasará; no sea que, si se excede y lo golpea con muchos azotes por encima de estos, entonces tu hermano te parezca vil.

4 No pondrás bozal al buey cuando trilla.

5 Si los hermanos moraren juntos, y uno de ellos muriere, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con extraño; el hermano de su marido se llegará a ella, y la tomará por mujer, y hará con ella el deber de hermano de su marido.

6 Y acontecerá que el primogénito que ella dé a luz sucederá en el nombre de su hermano que fuere muerto, para que su nombre no sea borrado de Israel.

7 Y si el hombre no gusta de tomar la mujer de su hermano, entonces que la mujer de su hermano suba a la puerta a los ancianos, y diga: El hermano de mi marido no quiere levantar un nombre a su hermano en Israel, él no hará el deber del hermano de mi marido.

8 Entonces los ancianos de su ciudad lo llamarán y le hablarán; y si se pone de pie y dice: No quiero tomarla;

9 Entonces la mujer de su hermano vendrá a él en presencia de los ancianos, y le quitará el calzado de su pie, y le escupirá en el rostro, y responderá y dirá: Así se hará con aquel hombre que no edificare. la casa de su hermano.

10 Y se llamará su nombre en Israel, La casa del que tiene su calzado desatado.

11 Cuando los hombres contiendan entre sí, y la mujer de uno se acerque para librar a su marido de mano del que le hiere, y alargue la mano, y le tome por los secretos;

12 Entonces le cortarás la mano, tu ojo no tendrá piedad de ella.

13 No tendrás en tu bolsa diversas pesas, una grande y una pequeña;

14 No tendrás en tu casa medida grande y medida pequeña;

15 Pero tú tendrás un peso perfecto y justo, una medida perfecta y justa tendrás; para que se alarguen tus días en la tierra que Jehová tu Dios te da.

16 Porque abominación es a Jehová tu Dios todo el que hace tales cosas, y todo el que hace injusticia.

17 Acordaos de lo que os hizo Amalec en el camino, cuando salisteis de Egipto;

18 Cómo te salió al encuentro en el camino, y te hirió en la retaguardia, y en todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas fatigado y fatigado; y no temía a Dios.

19 Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé reposo de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da en heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo cielo; no lo olvidarás.  


CAPÍTULO 26

De las primicias — Los diezmos del tercer año — El pacto entre Dios y el pueblo.

1 Y acontecerá que cuando entres en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y la poseieres, y habitares en ella;

2 Tomarás de las primicias de todos los frutos de la tierra que hubieres traído de tu tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en un canastillo, e irás al lugar que Jehová tu Dios elegirá poner su nombre allí.

3 E irás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Hoy profeso ante el Señor tu Dios, que he venido a la tierra que el Señor juró a nuestros padres que nos daría.

4 Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y lo pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.

5 Y hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Sirio a punto de perecer fue mi padre; y descendió a Egipto, y residió allí con unos pocos, y llegó a ser allí una nación grande, poderosa y populosa;

6 Y los egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre;

7 Y cuando clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, el Señor oyó nuestra voz y miró nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión;

8 Y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y con brazo extendido, y con grande espanto, y con señales y prodigios;

9 Y nos ha traído a este lugar, y nos ha dado esta tierra, una tierra que fluye leche y miel.

10 Y ahora, he aquí, he traído las primicias de la tierra que tú, oh Señor, me has dado. Y lo pondrás delante de Jehová tu Dios, y delante de Jehová tu Dios adorarás;

11 Y te regocijarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, tú, el levita y el extranjero que está entre vosotros.

12 Cuando hayas acabado de diezmar todos los diezmos de tus frutos del año tercero, que es el año del diezmo, y lo hayas dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, para que coman dentro de tus puertas. , y sed llenos;

13 Entonces dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado de mi casa las cosas santas, y también las he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo vuestro mandamientos que me has mandado; No he transgredido tus mandamientos, ni los he olvidado;

14 No he comido de ella en mi luto, ni he quitado nada de ella para uso inmundo, ni he dado nada de ella para los muertos; pero yo he oído la voz de Jehová mi Dios, y he hecho conforme a todo lo que me mandaste.

15 Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, ya la tierra que nos diste, como lo juraste a nuestros padres, tierra que mana leche y miel.

16 Jehová tu Dios te ha mandado hoy que cumplas estos estatutos y decretos; por tanto, las guardarás y harás de todo tu corazón y de toda tu alma.

17 Has consagrado hoy al Señor por ser tu Dios, y andar en sus caminos, y guardar sus estatutos, y sus mandamientos, y sus juicios, y escuchar su voz;

18 Y el Señor te ha declarado hoy como su pueblo peculiar, como te lo ha prometido, y para que guardes todos sus mandamientos;

19 y para exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor, y fama, y gloria; y para que seas pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.  


CAPÍTULO 27

El pueblo para escribir la ley sobre piedras, y para construir un altar — Las tribus divididas — Las maldiciones pronunciadas.

1 Y Moisés con los ancianos de Israel mandó al pueblo, diciendo: Guardad todos los mandamientos que os mando hoy.

2 Y acontecerá que el día que pasaréis el Jordán a la tierra que Jehová vuestro Dios os da, levantaréis grandes piedras, y las revocaréis con estuco;

3 Y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hubieres pasado, para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que mana leche y miel; como el Señor, el Dios de tus padres, te lo ha dicho.

4 Acontecerá, pues, que cuando paséis el Jordán, levantaréis estas piedras, que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las recubriréis con cal.

5 Y edificarás allí altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellos herramienta de hierro.

6 De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios; y ofrecerás sobre él holocaustos a Jehová tu Dios;

7 Y ofrecerás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de Jehová tu Dios.

8 Y escribirás sobre las piedras muy claramente todas las palabras de esta ley.

9 Y Moisés y los sacerdotes levitas hablaron a todo Israel, diciendo: Mirad y escuchad, oh Israel; hoy te has convertido en el pueblo del Señor tu Dios.

10 Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.

11 Y Moisés mandó al pueblo aquel mismo día, diciendo:

12 Estos se pararán sobre el monte Gerizim para bendecir al pueblo, cuando paséis el Jordán; Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín;

13 Y éstos se pararán sobre el monte Ebal para maldecir; Rubén, Gad, Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.

14 Y hablarán los levitas, y dirán en alta voz a todos los varones de Israel:

15 Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de manos de artífice, y la pusiere en lugar escondido; y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

16 Maldito el que menospreciare a su padre oa su madre; y todo el pueblo dirá: Amén.

17 Maldito el que quitare el lindero de su prójimo; y todo el pueblo dirá: Amén.

18 Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino; y todo el pueblo dirá: Amén.

19 Maldito el que tuerce el juicio del extranjero, del huérfano y de la viuda; y todo el pueblo dirá: Amén.

20 Maldito el que se echare con la mujer de su padre; porque descubrió la falda de su padre; y todo el pueblo dirá: Amén.

21 Maldito el que se echare con cualquier animal; y todo el pueblo dirá: Amén.

22 Maldito el que se acostare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre; y todo el pueblo dirá: Amén.

23 Maldito el que se acuesta con su suegra; y todo el pueblo dirá: Amén.

24 Maldito el que hiriere a su prójimo en secreto; y todo el pueblo dirá: Amén.

25 Maldito el que tomare recompensa para matar a una persona inocente; y todo el pueblo dirá: Amén.

26 Maldito el que no confirmare todas las palabras de esta ley para ponerlas por obra; y todo el pueblo dirá: Amén.  


CAPÍTULO 28

Las bendiciones por la obediencia — Las maldiciones por la desobediencia.

1 Y acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy, Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones. de la tierra;

2 Y todas estas bendiciones vendrán sobre ti, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

3 Bendito serás en la ciudad, y bendito serás en el campo.

4 Bendito será el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu ganado, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.

5 Bendita será tu canasta y tu tienda.

6 Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

7 El Señor hará que tus enemigos que se levanten contra ti sean heridos delante de tu rostro; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.

8 Mandará Jehová sobre ti la bendición en tus almacenes, y en todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.

9 Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, si guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos.

10 Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre del Señor te invoca; y te tendrán miedo.

11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu ganado, y en el fruto de tu tierra, en la tierra que Jehová juró a tus padres que te daría.

12 Te abrirá el Señor su buen tesoro, el cielo, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda la obra de tus manos; y tú prestarás a muchas naciones, y tú no tomarás prestado.

13 Y te pondrá el Señor por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo; si escuchas los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para guardarlos y ponerlos por obra;

14 Y no te apartarás de ninguna de las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir en pos de dioses ajenos para servirles.

15 Mas acontecerá que si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para cuidar de poner por obra todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán El e;

16 Maldito serás en la ciudad, y maldito serás en el campo.

17 Maldita será tu canasta y tu provisión.

18 Maldito será el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.

19 Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir,

20 El Señor enviará sobre ti maldición, aflicción y reprensión en todo lo que pusieres tu mano para hacer, hasta que perezcas y perezcas pronto; por la maldad de tus obras, con que me has desamparado.

21 El Señor hará que la pestilencia se pegue a ti, hasta que te acabe de sobre la tierra adonde vas para poseerla.

22 El Señor te herirá con tisis, con fiebre, con inflamación y con ardor extremo, con espada, con calandria y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas.

23 Y los cielos que están sobre tu cabeza serán de bronce, y la tierra que está debajo de ti será de hierro.

24 Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y polvo; del cielo descenderá sobre ti, hasta que seas destruido.

25 El Señor hará que seas herido delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás traspasado a todos los reinos de la tierra.

26 Y tu cuerpo será comida para todas las aves de los cielos y para las bestias de la tierra, y nadie las deshilachará.

27 El Señor te herirá con la úlcera de Egipto, con escaras, con sarna y con comezón, de que no puedas ser curado.

28 El Señor te herirá con locura y ceguera y conmoción de corazón;

29 Y palparás a mediodía, como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y serás solamente oprimido y saqueado para siempre, y nadie te salvará.

30 Te desposarás con una mujer, y otro hombre se acostará con ella; Casa edificarás, y no habitarás en ella; plantarás una viña, y no la vendimiarás.

31 Tu buey será degollado delante de tus ojos, y tú no comerás de él; tu asno será arrebatado con violencia de delante de tu rostro, y no te será devuelto; tus ovejas serán entregadas a tus enemigos, y no tendrás quien las rescate.

32 Tus hijos y tus hijas serán dados a otro pueblo, y tus ojos mirarán, y desfallecerán por ellos todo el día; y no habrá fuerza en tu mano.

33 El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá gente que tú no conociste; y serás solamente oprimido y quebrantado para siempre;

34 y te enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos.

35 El Señor te herirá en las rodillas y en las piernas con una llaga que no se puede curar, desde la planta de tu pie hasta la coronilla.

36 El Señor te llevará a ti ya tu rey que has de poner sobre ti, a una nación que ni tú ni tus padres conocieron; y allí servirás a otros dioses, madera y piedra.

37 Y serás motivo de espanto, proverbio y refrán entre todas las naciones adonde el Señor te llevará.

38 Mucha semilla sacarás al campo, y recogerás poco; porque la langosta la consumirá.

39 Plantarás viñas, y las labrarás, pero no beberás del vino, ni recogerás las uvas; porque los gusanos se los comerán.

40 Tendrás olivos por todo tu territorio, pero no te ungirás con el aceite; porque tu olivo dará su fruto.

41 Hijos e hijas engendrarás, pero no los gozarás; porque irán en cautiverio.

42 Todos tus árboles y el fruto de tu tierra los consumirá la langosta.

43 El extraño que está dentro de ti se levantará muy alto sobre ti; y descenderás muy bajo.

44 El te prestará, y tú no le prestarás; él será la cabeza, y tú serás la cola.

45 Y todas estas maldiciones vendrán sobre ti, y te perseguirán y te alcanzarán, hasta que seas destruido; por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos que él te ordenó.

46 Y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre.

47 Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas;

48 Servirás, pues, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.

49 El Señor traerá contra ti una nación de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila; una nación cuya lengua no entenderás;

50 Una nación altiva de rostro, que no hará caso de la persona del anciano, ni mostrará favor al joven;

51 Y comerá el fruto de tu ganado, y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas; el cual tampoco te dejará grano, vino ni aceite, ni la cría de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas, hasta que te haya destruido.

52 Y él te sitiará en todas tus puertas, hasta que caigan tus altos y cercados muros en los cuales tú confiaste, en toda tu tierra; y él te sitiará en todas tus puertas en toda tu tierra que el Señor tu Dios te ha dado.

53 Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas, que Jehová tu Dios te ha dado, en el sitio y en el apuro con que te angustiarán tus enemigos;

54 De modo que el hombre tierno entre vosotros, y muy delicado, tendrá mal de ojo para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos que dejare;

55 Para que no dé a ninguno de ellos de la carne de sus hijos que comerá; porque nada le ha quedado en el sitio y en el apuro con que te angustiarán tus enemigos en todas tus ciudades.

56 La mujer tierna y delicada entre vosotros, que no se atrevería a poner la planta de su pie sobre la tierra por delicadeza y ternura, su ojo será malo para con el marido de su seno, y para con su hijo, y para con su hija.

57 y hacia su cría que sale de entre sus pies, y hacia sus hijos que dará a luz; porque ella los comerá a escondidas por falta de todas las cosas en el sitio y en la estrechez con que tu enemigo te angustiará en tus puertas.

58 Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, para que temas este nombre glorioso y temible, EL SEÑOR TU DIOS;

59 Entonces Jehová hará maravillosas tus plagas, y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y duraderas, y enfermedades dolorosas y duraderas.

60 Y traerá sobre ti todas las enfermedades de Egipto, de las cuales temiste; y se unirán a ti.

61 Y toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido.

62 Y quedaréis pocos en número, mientras que erais como las estrellas del cielo en multitud; porque no obedeciste a la voz del Señor tu Dios.

63 Y acontecerá que como el Señor se regocijó en vosotros de haceros bien y de multiplicaros; y el Señor se regocijará sobre vosotros para destruiros y reduciros a nada; y seréis arrancados de la tierra adonde entráis para poseerla.

64 Y el Señor te esparcirá entre todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro; y allí servirás a dioses ajenos, que ni tú ni tus padres conocieron, al leño y a la piedra.

65 Y entre estas naciones no hallarás descanso, ni la planta de tu pie tendrá descanso; pero el Señor te dará allí un corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de mente;

66 Y tu vida estará en duda delante de ti; y tendrás miedo de día y de noche, y no tendrás seguridad de tu vida;

67 Por la mañana dirás: ¡Ojalá fuera la tarde! ya la tarde dirás: ¡Ojalá amanezca! por el temor de tu corazón con que temerás, y por la vista de tus ojos que verás.

68 Y Jehová te hará volver a Egipto en naves, por el camino del cual te dije: Nunca más lo verás; y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por siervos y por esclavas, y nadie os comprará.  


CAPÍTULO 29

Moisés exhorta a la obediencia — Todos se presentan ante el Señor para entrar en su pacto — Las cosas secretas pertenecen a Dios.

1 Estas son las palabras del pacto que mandó Jehová a Moisés que hiciera con los hijos de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que hizo con ellos en Horeb.

2 Y llamó Moisés a todo Israel, y les dijo: Habéis visto todo lo que Jehová hizo delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón, a todos sus siervos, ya toda su tierra;

3 Las grandes tentaciones que tus ojos han visto, las señales y aquellos grandes milagros;

4 Mas el Señor no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír, hasta el día de hoy.

5 Y os he guiado cuarenta años por el desierto; tus vestidos no se han envejecido sobre ti, ni tu calzado se ha envejecido sobre tu pie.

6 No habéis comido pan, ni habéis bebido vino ni sidra; para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.

7 Y cuando llegasteis a este lugar, Sehón rey de Hesbón y Og rey de Basán salieron contra nosotros a la batalla, y los derrotamos;

8 Y tomamos su tierra, y la dimos en heredad a los rubenitas, a los gaditas ya la media tribu de Manasés.

9 Guardad, pues, las palabras de este pacto, y ponedlas por obra, para que seáis prosperados en todo lo que hacéis.

10 Hoy estáis todos vosotros delante del Señor vuestro Dios; vuestros capitanes de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, con todos los varones de Israel,

11 Vuestros niños, vuestras mujeres, y vuestro extranjero que está en vuestro campamento, desde el que corta vuestra leña hasta el que saca vuestras aguas;

12 para que entres en el pacto con Jehová tu Dios, y en el juramento que Jehová tu Dios hace contigo hoy;

13 para confirmarte hoy por pueblo suyo, y serte por Dios, como te dijo y juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

14 Ni con vosotros solamente hago este pacto y este juramento;

15 sino con el que esté aquí con nosotros hoy delante de Jehová nuestro Dios, y también con el que no esté aquí con nosotros hoy;

16 (Porque vosotros sabéis cómo hemos habitado en la tierra de Egipto, y cómo pasamos por las naciones por las cuales habéis pasado;

17 Y habéis visto sus abominaciones y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que había entre ellos;)

18 para que no haya entre vosotros hombre, mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor nuestro Dios, para ir y servir a los dioses de estas naciones; no sea que haya entre vosotros una raíz que produzca hiel y ajenjo;

19 Y aconteció que cuando oye las palabras de esta maldición, se bendice en su corazón, diciendo: Paz tendré, aunque ande en la imaginación de mi corazón, añadiendo embriaguez a la sed;

20 El Señor no lo perdonará, pero entonces la ira del Señor y su celo humearán contra ese hombre, y todas las maldiciones que están escritas en este libro caerán sobre él, y el Señor borrará su nombre de debajo del cielo. .

21 Y el Señor lo apartará para mal de todas las tribus de Israel, conforme a todas las maldiciones del pacto que están escritas en este libro de la ley;

22 Y dirá la generación venidera de vuestros hijos que se levantaren después de vosotros, y el extranjero que vendrá de una tierra lejana, cuando vean las plagas de aquella tierra, y las enfermedades que Jehová ha puesto en ella. ;

23 Y que toda su tierra es azufre y sal, y ardiente, que no se siembra, ni da fruto, ni crece en ella hierba alguna, como la destrucción de Sodoma y Gomorra, Adma y Zeboim, que el Señor destruyó en su ira. , y en su ira;

24 Y dirán todas las naciones: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el calor de esta gran ira?

25 Entonces dirán los hombres: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él hizo con ellos cuando los sacó de la tierra de Egipto;

26 Porque ellos fueron y sirvieron a dioses ajenos, y los adoraron, dioses que ellos no conocían, y que él no les había dado;

27 Y la ira del Señor se encendió contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones que están escritas en este libro;

28 Y el Señor los desarraigó de su tierra con ira y con ira y con gran indignación, y los arrojó a otra tierra, como es hoy.

29 Las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios; pero las cosas que son reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que cumplamos todas las palabras de esta ley.  


CAPÍTULO 30

Misericordias prometidas al arrepentido - El mandamiento manifiesto - La muerte y la vida puestas delante de ellos.

1 Y sucederá que cuando te hayan venido todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, las recordarás entre todas las naciones adonde el Señor tu Dios te ha arrojado. El e,

2 y te volverás a Jehová tu Dios, y obedecerás su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma;

3 que entonces el Señor tu Dios hará volver tu cautiverio, y tendrá misericordia de ti, y se volverá y te recogerá de todas las naciones donde el Señor tu Dios te ha esparcido.

4 Si alguno de los tuyos fuere echado hasta los confines de los cielos, de allí te recogerá el Señor tu Dios, y de allí te tomará;

5 Y te llevará Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y él te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.

6 Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas.

7 Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre los que te aborrecen, que te persiguieron.

8 Y te volverás y obedecerás la voz del Señor, y cumplirás todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.

9 Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu ganado, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque el Señor se regocijará de nuevo sobre ti para bien, como se regocijó sobre tus padres;

10 Si oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos que están escritos en este libro de la ley, y si te convirtieres a Jehová tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma .

11 Porque este mandamiento que yo te mando hoy, no te es oculto, ni está lejos.

12 No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo hagamos?

13 Ni está más allá del mar, para que digas: ¿Quién cruzará por nosotros el mar, y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo hagamos?

14 Pero muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

15 Mira, he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, y la muerte y el mal;

16 Te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, y sus estatutos, y sus decretos, para que vivas y te multipliques; y el Señor tu Dios te bendecirá en la tierra adonde entras para poseerla.

17 Pero si tu corazón se desviare y no oyeres, y te desviares, y adorares dioses ajenos, y los sirvieres;

18 Yo os denuncio hoy, que ciertamente pereceréis, y que no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde habéis de pasar el Jordán para ir a poseerla.

19 A los cielos ya la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;

20 para que ames al Señor tu Dios, y escuches su voz, y te alejes de él; porque él es tu vida, y la largura de tus días; para que habites en la tierra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que les había de dar.  


CAPÍTULO 31

Moisés anima a Josué y al pueblo — Su encargo a Josué — Moisés entrega el libro de la ley a los levitas para que lo guarden — Hace protesta a los ancianos.

1 Y Moisés fue y habló estas palabras a todo Israel.

2 Y les dijo: Hoy soy de edad de ciento veinte años; ya no puedo salir ni entrar; también me ha dicho Jehová: No pasarás este Jordán.

3 Jehová tu Dios, él pasará delante de ti, y destruirá estas naciones de delante de ti, y tú las poseerás; y Josué, él pasará delante de ti, como el Señor ha dicho.

4 Y el Señor hará con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con la tierra de ellos, a quienes destruyó.

5 Y el Señor los entregará delante de vuestro rostro, para que hagáis con ellos conforme a todos los mandamientos que os he mandado.

6 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos; porque Jehová tu Dios, él es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.

7 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y sé valiente; porque tienes que ir con este pueblo a la tierra que el Señor ha jurado a sus padres que les daría; y tú les harás heredarla.

8 Y el Señor es el que va delante de ti; él estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas, ni desmayes.

9 Y Moisés escribió esta ley, y la entregó a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto del Señor, ya todos los ancianos de Israel.

10 Y les mandó Moisés, diciendo: Al cabo de cada siete años, en la solemnidad del año de la remisión, en la fiesta de los tabernáculos,

11 Cuando todo Israel viniere a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel a oídos de ellos.

12 Reúne al pueblo, hombres y mujeres y niños, y al extranjero que está dentro de tus puertas, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová tu Dios, y procuren poner por obra todas las palabras de este ley;

13 y para que sus hijos, que no han sabido nada, oigan y aprendan a temer al Señor vuestro Dios, todos los días que habitéis en la tierra adonde pasáis el Jordán para poseerla.

14 Y el Señor dijo a Moisés: He aquí, se acercan tus días en que debes morir; llamad a Josué, y presentaos en el tabernáculo de reunión, para que yo le dé un cargo. Y fueron Moisés y Josué, y se presentaron en el tabernáculo de reunión.

15 Y el Señor se apareció en el tabernáculo en una columna de nube; y la columna de nube estaba sobre la puerta del tabernáculo.

16 Y el Señor dijo a Moisés: He aquí, tú dormirás con tus padres; y este pueblo se levantará, y fornicará en pos de los dioses de los extranjeros de la tierra, adonde van para estar entre ellos, y me dejarán, y quebrantarán mi pacto que he hecho con ellos.

17 Entonces mi furor se encenderá contra ellos en aquel día, y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán devorados, y muchos males y calamidades les sobrevendrán; para que digan en aquel día: ¿No han venido sobre nosotros estos males, porque nuestro Dios no está entre nosotros?

18 Y ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todos los males que habrán hecho, por cuanto se volverán a dioses ajenos.

19 Ahora pues, escribios este cántico, y enseñádselo a los hijos de Israel; ponlo en su boca, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.

20 Porque cuando los hubiere metido en la tierra que juré a sus padres, la cual mana leche y miel; y habrán comido y saciado, y engordado; entonces se volverán a otros dioses, y los servirán, y me enojarán, y violarán mi pacto.

21 Y acontecerá que cuando les sobrevengan muchos males y tribulaciones, este cántico testificará contra ellos como testigo; porque no será olvidado de la boca de su descendencia; porque yo conozco su imaginación en lo que andan, incluso ahora, antes de que los haya traído a la tierra que juré.

22 Entonces Moisés escribió este cántico el mismo día, y lo enseñó a los hijos de Israel.

23 Y mandó a Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y esfuérzate; porque tú traerás a los hijos de Israel a la tierra que les juré; y yo estaré contigo.

24 Y aconteció que cuando Moisés hubo terminado de escribir las palabras de esta ley en un libro, hasta terminarlas,

25 Moisés mandó a los levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo:

26 Toma este libro de la ley, y ponlo en el costado del arca del pacto de Jehová tu Dios, y esté allí por testimonio contra ti.

27 Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí, mientras yo vivo aún con vosotros hoy, habéis sido rebeldes contra el Señor; ¿Y cuánto más después de mi muerte?

28 Juntadme a todos los ancianos de vuestras tribus, ya vuestros oficiales, para que hable estas palabras en sus oídos, y llame al cielo y a la tierra por testigos contra ellos.

29 Porque yo sé que después de mi muerte os corromperéis del todo y os apartaréis del camino que os he mandado; y mal os sobrevendrá en los postreros días; porque hacéis lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira con la obra de vuestras manos.

30 Y recitó Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico, hasta acabarlo.  


CAPÍTULO 32

Cántico de Moisés: Dios lo envía al monte Nebo, para que vea la tierra y muera.

1 Escuchad, oh cielos, y hablaré; y escucha, oh tierra, las palabras de mi boca.

2 Goteará como la lluvia mi doctrina, y destilará como el rocío mi discurso, como la llovizna sobre la hierba tierna, y como el aguacero sobre la hierba;

3 Porque publicaré el nombre del Señor; atribuid grandeza a nuestro Dios.

4 El es la Roca, su obra es perfecta; porque todos sus caminos son juicio; un Dios de verdad y sin iniquidad, justo y recto es él.

5 Se han corrompido, su mancha no es la mancha de sus hijos; son una generación perversa y torcida.

6 ¿Así pagáis al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es él tu padre que te compró? ¿No te hizo él, y te afirmó?

7 Acordaos de los días de antaño, considerad los años de muchas generaciones; pregunta a tu padre, y él te mostrará; tus ancianos, y ellos te lo dirán.

8 Cuando el Altísimo repartió a las naciones su heredad, cuando separó a los hijos de Adán, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

9 Porque la porción del Señor es su pueblo; Jacob es la porción de su herencia.

10 Lo halló en tierra de desierto, y en desierto de aullidos yermos; lo guió, lo instruyó, lo mantuvo como a la niña de sus ojos.

11 Como el águila que agita su nido, revolotea sobre sus polluelos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus alas;

12 Así que el Señor solo lo guió, y no hubo dios extraño con él.

13 Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra, para que comiera los frutos de los campos; y le hizo chupar miel de la peña, y aceite del duro pedernal;

14 Mantequilla de vacas y leche de ovejas, con sebo de corderos y carneros de la raza de Basán, y cabras, con sebo de riñones de trigo; y bebiste la sangre pura de la uva.

15 Pero Jesurún engordó y coceó; te has engordado, te has engrosado, te has cubierto de grosura; luego abandonó al Dios que lo hizo, y menospreció la Roca de su salvación.

16 Lo provocaron a celos con dioses extraños, con abominaciones lo provocaron a ira.

17 Sacrificaban a los demonios, no a Dios; a dioses que ellos no conocieron, a dioses nuevos que surgieron de nuevo, a quienes vuestros padres no temieron.

18 Te has olvidado de la Roca que te engendró, y te has olvidado del Dios que te formó.

19 Y viéndolo Jehová, los aborreció, por la provocación de sus hijos y de sus hijas.

20 Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin; porque son una generación muy adelantada, hijos en quienes no hay fe.

21 Me han movido a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus vanidades; y los moveré a celos con los que no son pueblo; Los provocaré a ira con una nación insensata.

22 Porque un fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta el más bajo infierno, y consumirá la tierra con sus frutos, y prenderá fuego a los cimientos de los montes.

23 Amontonaré mal sobre ellos; Gastaré mis flechas sobre ellos.

24 Serán quemados de hambre, y consumidos con calor ardiente y con amarga destrucción; También enviaré sobre ellos dientes de bestias, con veneno de serpientes del polvo.

25 La espada por fuera, y el terror por dentro, destruirán al joven y a la virgen, al que mama y al varón canoso.

26 Dije que los esparciría por los rincones, haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos;

27 Si no fuera porque temía la ira del enemigo, no sea que sus adversarios se comporten de manera extraña, y no digan: Nuestra mano está alta, y el Señor no ha hecho todo esto.

28 Porque son una nación sin consejo, ni hay en ellos entendimiento.

29 ¡Oh, si fueran sabios, si entendieran esto, si consideraran su fin último!

30 ¿Cómo podría uno perseguir a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiera vendido, y el Señor los hubiera encerrado?

31 Porque su roca no es como nuestra Roca, ni aun nuestros mismos enemigos son jueces.

32 Porque la vid de ellos es de la vid de Sodoma, y de los campos de Gomorra; sus uvas son uvas de hiel, sus racimos son amargos;

33 Su vino es veneno de dragones, y veneno cruel de áspides.

34 ¿No está esto guardado conmigo, y sellado entre mis tesoros?

35 Mía es la venganza y la recompensa; su pie resbalará a su debido tiempo; porque cercano está el día de su calamidad, y lo que les ha de sobrevenir se apresura.

36 Porque el Señor juzgará a su pueblo, y se arrepentirá por sus siervos, cuando vea que su poder se ha ido, y que no hay nadie encerrado ni dejado.

37 Y él dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en la que confiaban,

38 ¿Quién comía la grasa de sus sacrificios, y bebía el vino de sus libaciones? que se levanten y os ayuden, y sean vuestro amparo.

39 Mirad ahora que yo, yo mismo, soy él, y conmigo no hay dios; mato y doy vida; hiero y curo; ni hay quien pueda librar de mi mano.

40 Porque alzo mi mano al cielo, y digo: Vivo para siempre.

41 Si afilo mi espada reluciente, Y mi mano empuñare juicio; Me vengaré de mis enemigos y recompensaré a los que me aborrecen.

42 Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne; y eso con la sangre de los muertos y de los cautivos, desde el principio de las venganzas contra el enemigo.

43 Alegraos, oh naciones, con su pueblo; porque él vengará la sangre de sus siervos, y dará venganza a sus adversarios, y será misericordioso con su tierra y con su pueblo.

44 Y Moisés vino y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él y Oseas hijo de Nun.

45 Y Moisés acabó de hablar todas estas palabras a todo Israel;

46 Y les dijo: Fijad vuestros corazones en todas las palabras que yo testifico entre vosotros hoy, las cuales mandaréis a vuestros hijos que cuiden de hacer, todas las palabras de esta ley.

47 Porque no os es cosa vana; porque es tu vida; y por esto prolongaréis vuestros días en la tierra adonde pasáis el Jordán para poseerla.

48 Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo:

49 Sube a este monte Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está enfrente de Jericó; y he aquí la tierra de Canaán, la cual yo doy en posesión a los hijos de Israel;

50 Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido con tu pueblo; como murió Aarón tu hermano en el monte Hor, y fue reunido con su pueblo;

51 Por cuanto os rebelasteis contra mí entre los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.

52 Sin embargo, verás la tierra delante de ti; mas tú no entrarás allá, a la tierra que yo doy a los hijos de Israel.  


CAPÍTULO 33

La majestad de Dios — Las bendiciones de las tribus.

1 Y esta es la bendición, con la cual Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte.

2 Y dijo: El Señor vino del Sinaí, y de Seir les subió; resplandeció desde el monte Parán, y vino con diez mil santos; de su diestra salía para ellos una ley de fuego.

3 Sí, amaba al pueblo; todos sus santos están en tu mano; y se sentaron a tus pies; cada uno recibirá de tus palabras.

4 Moisés nos mandó una ley, la heredad de la congregación de Jacob.

5 Y era rey en Jeshurun, cuando se juntaron los jefes del pueblo y las tribus de Israel.

6 Viva Rubén, y no muera; y no sean pocos sus hombres.

7 Y esta es la bendición de Judá; y dijo: Oye, Señor, la voz de Judá, y tráelo a su pueblo; que sus manos sean suficientes para él; y sé tú una ayuda para él de sus enemigos.

8 Y de Leví dijo: Sea tu Tumim y tu Urim con tu santo, a quien probaste en Masah, y con quien peleaste en las aguas de Meriba;

9 que dijo a su padre ya su madre: No lo he visto; ni reconoció a sus hermanos, ni conoció a sus propios hijos; porque han guardado tu palabra, y han guardado tu pacto.

10 Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, ya Israel tu ley; pondrán incienso delante de ti, y holocausto sobre tu altar.

11 Bendice, Señor, su sustancia, y acepta la obra de sus manos; hiere los lomos de los que se levantan contra él, y de los que lo aborrecen, para que no se levanten más.

12 Y de Benjamín dijo: El amado del Señor habitará seguro junto a él; y el Señor lo cubrirá todo el día, y él morará entre sus hombros.

13 Y de José dijo: Bendita del Señor sea su tierra, por las cosas preciosas del cielo, por el rocío, y por el abismo que se esconde debajo,

14 Y por los frutos preciosos que produce el sol, y por las cosas preciosas que produce la luna,

15 y por las cosas principales del monte antiguo, y por las cosas preciosas de los collados permanentes,

16 y por las cosas preciosas de la tierra y su plenitud, y por la buena voluntad del que habitaba en la zarza; descienda la bendición sobre la cabeza de José, y sobre la cabeza del que fue separado de sus hermanos.

17 Su gloria es como el primogénito de su becerro, y sus cuernos, como cuernos de unicornios; con ellos empujará a los pueblos hasta los confines de la tierra; y ellos son los diez mil de Efraín, y ellos son los mil de Manasés.

18 Y de Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, en tu salida; e Isacar, en tus tiendas.

19 Llamarán al pueblo al monte; allí ofrecerán sacrificios de justicia; porque mamarán de la abundancia de los mares, y de los tesoros escondidos en la arena.

20 Y de Gad dijo: Bendito el que ensancha a Gad; mora como león, y desgarra el brazo con la coronilla.

21 Y él proveyó la primera parte para sí mismo, porque allí, en una parte del legislador, estaba sentado; y vino con los jefes del pueblo, ejecutó la justicia de Jehová, y sus juicios con Israel.

22 Y de Dan dijo: Dan es un cachorro de león; saltará desde Basán.

23 Y de Neftalí dijo: Oh Neftalí, satisfecho con el favor, y lleno con la bendición del Señor, posee el occidente y el sur.

24 Y de Aser dijo: Bendita sea Aser con hijos; sea grato a sus hermanos, y moje su pie en aceite.

25 Tus zapatos serán de hierro y bronce; y como tus días, así serán tus fuerzas.

26 No hay nadie como el Dios de Jeshurun, que cabalga sobre los cielos en tu ayuda, y en su majestad sobre los cielos.

27 El Dios eterno es tu refugio, Y debajo están los brazos eternos; y él echará al enemigo de delante de ti; y dirá: Destruidlos.

28 Israel, pues, habitará confiado solo; la fuente de Jacob estará sobre una tierra de trigo y mosto; también sus cielos destilarán rocío.

29 Bienaventurado eres, oh Israel; ¡Quién como tú, oh pueblo salvado por el Señor, el escudo de tu ayuda, y quién es la espada de tu excelencia! y tus enemigos te serán hallados mentirosos; y pisarás sobre sus lugares altos.  


CAPÍTULO 34

Moisés ve la tierra - Él muere - Su edad - Duelo por él - Josué lo sucede.

1 Y Moisés subió de los campos de Moab al monte de Nebo, a la cumbre del Pisgá, que está enfrente de Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra de Galaad, hasta Dan,

2 y todo Neftalí, y la tierra de Efraín, y de Manasés, y toda la tierra de Judá, hasta el mar extremo,

3 Y el sur, y la llanura del valle de Jericó, la ciudad de las palmeras, hasta Zoar.

4 Y el Señor le dijo: Esta es la tierra que juré a Abraham, a Isaac ya Jacob, diciendo: La daré a tu descendencia; Te lo he hecho ver con tus ojos, pero no pasarás allí.

5 Y murió Moisés, siervo del Señor, allí en la tierra de Moab, conforme a la palabra del Señor.

6 Porque el Señor lo tomó con sus padres en un valle en la tierra de Moab, frente a Bet-peor; por tanto, nadie sabe de su sepulcro hasta el día de hoy.

7 Y Moisés tenía ciento veinte años cuando murió; su ojo no se oscureció, ni su fuerza natural disminuyó.

8 Y los hijos de Israel lloraron a Moisés en los campos de Moab treinta días; así terminaron los días de llanto y luto por Moisés.

9 Y Josué hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría; porque Moisés le había puesto las manos encima; y los hijos de Israel lo escucharon, e hicieron como el Señor había mandado a Moisés.

10 Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien el Señor conociera cara a cara,

11 En todas las señales y prodigios que el Señor le envió a hacer en la tierra de Egipto, a Faraón, a todos sus siervos y a toda su tierra,

12 Y en toda aquella mano poderosa, y en todo el gran terror que Moisés mostró a la vista de todo Israel.

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